El 29 de agosto de 2025 publiqué una columna titulada “Tour electoral 2026”. En ella, más que un análisis, hice un pronóstico. Hoy, nueve meses después, los hechos han hablado por sí solos: la política, como la vida, termina confirmando a quienes se atreven a interpretarla sin miedo. Como decía Winston Churchill: “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Pues bien, lo que hemos visto en estos meses dista mucho de eso. Veamos.

La etapa inicial fue dominada por los llamados outsiders: Vicky Dávila y Abelardo de la Espriella marcaron el ritmo de la carrera, seguidos por Iván Cepeda, Gustavo Bolívar, Sergio Fajardo, María Fernanda Cabal y Juan Manuel Galán. Más atrás, en un lote compacto pero sin mayor protagonismo, avanzaban los candidatos de la gran consulta: Oviedo, Pinzón, Cárdenas, Gaviria, Luna y Peñalosa. Un pelotón sin liderazgo.

Luego llegó la segunda etapa. Y como en el ciclismo de alta montaña, apareció el temido rompe piernas: subidas exigentes, caídas inesperadas y giros que definieron quién tenía fondo… y quién no. Abelardo se mantuvo firme en el liderato; Vicky perdió tracción; Bolívar y María Fernanda quedaron fuera en sus consultas internas; Fajardo sobrevivió sin despegar; mientras Paloma y Oviedo asumieron el control del pelotón. En paralelo, emergió otro grupo: Claudia López, Miguel Uribe y Roy Barreras. Como decía Sun Tzu: “En el caos también hay oportunidad”.

Así llegamos a la tercera etapa: la de los premios de montaña. Aquí ya no bastaba resistir: había que proponer, comunicar y conectar. Aquí se define la carrera. Tal como lo anticipé, las propuestas de gobierno y las alianzas fueron el verdadero filtro. Algunos optaron por lo fácil: pactar con los mismos de siempre, con la política de favores. Otros intentaron hablarle al país desde la tibieza del centro, como si Colombia estuviera para ambigüedades.

Mientras tanto, el Tigre, Abelardo de la Espriella, entendió una verdad simple pero poderosa: simplificó el mensaje, conectó con la inconformidad ciudadana y habló sin intermediarios. Como decía Ronald Reagan: “El mejor discurso es el que la gente siente propio”.

En contraste, Cepeda y Paloma se aferraron a alianzas con sectores cuestionados que hoy generan más rechazo que confianza. El centro, quedó atrapado en su indecisión: ni oposición clara ni alternativa creíble. Y cuando un proyecto político no emociona, desaparece.

Hoy la realidad es contundente: la mayoría del país está cansada. Cansada de la improvisación, de la retórica ideológica, de las promesas incumplidas y de los pactos a puerta cerrada. Ese sentimiento lo capitalizan “Los Nunca”: los que nunca se sintieron representados, los que nunca tuvieron voz… hasta ahora. Por eso no sorprende que hoy las encuestas proyecten a Abelardo como el virtual ganador. Porque gobernar no es un ejercicio de ego, es un ejercicio de responsabilidad.

Para el establecimiento, Abelardo no será el más simpático ni el más académico, pero es quien impone autoridad en medio de la incertidumbre, ordena el ruido y devuelve confianza en tiempos de miedo. Representa carácter, determinación y un equipo que sabe gobernar. Y esta vez, Colombia no está para experimentos: quiere acertar.

@indadangond