El próximo domingo concluirá una de las campañas más virulentas de la historia reciente de Colombia protagonizada por la izquierda y la derecha.
Sin duda, quizás la característica más sobresaliente de la campaña presidencial fue su efectividad para lograr que los ciudadanos concurran a las urnas en su gran mayoría motivados por el odio más que por las ideas plasmadas en los programas.
El pueblo es sabio porque conoce claramente su pasado de guerra, violencia y muerte. No obstante, el miedo fue la herramienta de campaña presidencial utilizada para advertir presuntamente lo malo que sucediese si ganara el candidato de izquierda o el de derecha.
Tal apreciación por sí sola no es conclusiva, porque lo concluyente es el odio que sienten la mayoría de los colombianos por quien piense diferente, producto de la manipulación permeada por el miedo.
Sin embargo, el colombiano promedio tiene claro que tanto izquierda como derecha, son directos responsables de la muerte, violencia y tragedia nacional que les aqueja durante años.
No hay que negar que las campañas de izquierda y derecha fueron super efectivas en dividir más al país, en movilizar a las urnas a un elector que aún anhela el cambio y con salir de la profunda desigualdad del país, instrumentalizados con el manejo de sus emociones y pasiones.
Un capítulo especial en la campaña presidencial que concluye es la inmisericorde violencia moral o psicológica de la que han sido víctima los colombianos a través del “bombardeo” de mensajes difundidos por la izquierda y derecha en los medios de comunicación masiva y redes sociales, coaccionando la eliminación del oponente.
No se trata de una violencia burda efectuada con las armas o fuerza bruta sino ejercida por una fuerza más sofisticada y efectiva, ejecutada con violencia psicológica que coarta la voluntad y libertad de la gran mayoría de los colombianos, quienes irán a las urnas manipulados.
A 48 horas de la elección presidencial no se sabe quién va a ser el próximo presidente de Colombia. Lo que no es difícil presagiar es que gane la izquierda o derecha, el país caerá en una profunda crisis gubernamental e institucional que impedirá el desarrollo, concordia e impulso que la Nación reclama.
La crisis de gobernabilidad tendrá su principal actor en el Congreso de la República, corporación donde ni la derecha ni la izquierda tienen mayoría, serán cuatro años sin gobernabilidad y gobernanza.
Es muy triste que el país haya sido llevado a estos extremos sin norte claro ni optimismo que permita pensar en un futuro mejor. Entretanto, a votar libremente el domingo.
@orlandocaba








