La pala iba una y otra vez sobre la arena y el cemento. Era el año 1982. Tenía 14 años y siempre estaba atento a curiosear todo. Por eso escuché cuando el maestro de la construcción -remodelaban mi casa (el 21-99)- dijo que necesitaba un asistente que le ayudara a traer galones de arena y a llevarlos luego, ya en mezcla, hasta donde estaban levantando las nuevas paredes.
Sin pensarlo pregunté cuánto iba a pagar y me ofrecí. Él sonrió viéndome un poco enclenque y me preguntó si era capaz. Con las ganas de ganarme ese dinero y creyendo en mis fuerzas le respondí que sí. Y ahí tuve mi primer trabajo en la vida.
No sé cuántos viajes con galones cargados de arena y de mezcla recorrí, pero las dos semanas que trabajé ahí me enseñaron a entender que el trabajo es expresión de mi dignidad como ser creado a imagen de Dios.
Aprendí a usar los recursos y las herramientas que tengo, pocas o muchas, para juntarme a la acción creadora de Dios y buscar que tanto mi vida como la de los que están a mi alrededor sean más dignas y justas.
De ahí no paré de trabajar. Luego fui cobrador de bus urbano en unas vacaciones en que mi papá condujo un bus de Cootransmag en Santa Marta.
Después, profesor, reportero, gerente de emisoras, director de proyectos editoriales y periodísticos, vicepresidente del Minuto de Dios y ahora de nuevo, profesor, conferencista, escritor, periodista y hasta narrador de los pocos goles del Unión.
Hubo muchas carencias y necesidades, pero nunca faltó el ánimo, la ayuda solidaria, el esfuerzo extremo para que fueran saciadas de la mejor manera posible. La pobreza, siempre tan peligrosa, no logró vencerme ni sembrar en mí resentimiento hacia la sociedad ni empujarme por los peores senderos de la vida.
Entendí que siempre puedo dar lo mejor de mí y ese ha sido mi propósito diario. He sabido reconocer mis propias responsabilidades cuando no consigo todo lo que quiero y creo que merezco, y he evitado culpar a otros de ello.
Cuando las noches llegan en la fría Bogotá y me quedo en el silencio de la oración, siempre agradezco a Dios mi historia personal. No ha sido perfecta, ha tenido muchos altibajos, pero ha sido bendita.
Tal vez por eso uno de los versos vallenatos que más me gusta es ese que dice: Esta vida que yo tengo es muy bonita, es muy bonita pa’ que no se me acabe; fuera bendita, fuera bendita pa’ poder vivir cerquita de las cosas que más quiero… No me he sentido nunca esclavo del trabajo. No siempre me pagan lo que quiero ni hago todo lo que se me ocurre.
Además siempre he sabido vacilarme la vida para descansar y gozarme los pequeños momentos de alegría que la vida trae.
@Plinero








