En Colombia una elección presidencial no es cualquier cosa. Aquí el presidente no solo gobierna; también decide qué se prioriza y para dónde se va la plata. Y en un país así, donde lo importante casi siempre coincide con dónde está el poder, la pregunta para la Costa es directa: ¿vamos a dejar pasar otra vez el momento o vamos a entender que esta sí puede ser la hora del Caribe?

Aquí hay una deuda vieja. No tiene lógica que una tierra que mueve puertos, comercio, gas, carbón, agricultura y cultura siga entre las más pobres. En 2024, mientras Bogotá tuvo 19,6 % de pobreza monetaria, La Guajira llegó a 65,7 %, Sucre a 57,5 %, Magdalena a 51,7 %, Córdoba a 49,6 %, Bolívar a 48,0 % y Cesar a 47,8 %. Incluso Atlántico quedó en 31,6 %. Esto no es casualidad. Es que no somos prioridad.

La realidad es que Colombia se acostumbró a mirarse desde el centro. Desde allá se decide qué es urgente y qué puede esperar. Y cuando uno mira siempre desde el mismo lugar, termina viendo al resto como periferia. Por eso esta elección no es una discusión ideológica, sino práctica.

Tenemos a un candidato caribe, nacido en Montería y que hoy vive con su familia en Barranquilla, con opción real de pelear la Presidencia, y aun así la Costa no parece haberse tomado en serio lo que eso significa. La última encuesta muestra que Abelardo De la Espriella ya está metido en la pelea con 27,9 %. Pero cuando uno mira la región, no se nota: en Bogotá marca 23,9 %; en el Caribe 24,6 %; y en la región Central, 34,2 %. Cepeda, en cambio, tiene 45,5 % en el Caribe. ¿Cómo así que la región que más necesita ser prioridad no termina de creerse esta oportunidad?

Y no se trata de apoyarlo solo porque nació aquí. Si Fajardo hubiera estado de verdad a un paso de la Presidencia, Antioquia entera se monta en ese bus sin pensarlo tanto. Aquí, seguimos dudando. A él no hay que explicarle que el recibo de la luz está caro; sabe lo que significa vivir en una región donde el aire acondicionado es una necesidad. Tampoco hay que explicarle que el agua falla, porque sabe que, como pasa en Santa Marta, llega cuando quiere. Y entiende que buena parte del desarrollo está en los puertos del Caribe, porque ha visto cómo los barcos entran y salen de aquí. Él conoce esos problemas porque los ha vivido. Y cuando uno ha sentido los problemas, es mucho más fácil ponerlos de primero.

La viabilidad ya no es el problema. Esa candidatura ya demostró que puede convencer en Antioquia y Bogotá. El vacío está aquí, en la Costa, donde todavía no logra el fervor que debería despertar. Y ahí está la paradoja: no está siendo profeta en su tierra. Porque si lo fuera, la Costa no estaría solo empujando una candidatura; estaría escogiendo a un hijo que la priorice y la ponga de primero. Esta es la hora. Dejarla pasar sería un error histórico.

@MiguelVergaraC