Tatiana Dangond

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¡Hay que votar!
Columnas de opinión

¡Hay que votar!

Este domingo, la papeleta que usted marque tendrá consecuencias reales para los próximos cuatro años. Salga a votar. No por el candidato perfecto, que no existe, sino por el país que quiere. El voto es el único instrumento que le garantiza al ciudadano una incidencia directa sobre el poder.

Mileidy Villada y el Estado ausente
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Mileidy Villada y el Estado ausente

El Gobierno nacional tiene el deber ineludible de garantizar la seguridad de los servidores de elección popular de todas las corrientes políticas, y el asesinato de una concejal de oposición en las semanas previas a las elecciones debe tener consecuencias tanto políticas como en materia de justicia.

Sin consecuencias
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Sin consecuencias

La realidad es que al presidente le ha funcionado la estrategia del discurso de exoneración, según el cual todos los funcionarios —nombrados directamente por él— son los únicos responsables de lo que sale mal, mientras él no asume ni reconoce responsabilidad alguna por las actuaciones del gobierno que él mismo ha conformado.

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Entre la emoción y la razón
Columnas de opinión

Entre la emoción y la razón

Tal vez valga la pena preguntarse, antes de votar, si la emoción es lo que necesita el país para pensar en su futuro, o si hace falta algo de razón para que podamos construir una agenda de desarrollo viable, con criterio y con algo de confianza.

Tasajera
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Tasajera

Este corregimiento fue en algún momento la principal fuente de abastecimiento de pescado para el departamento del Magdalena y para Barranquilla. Con el paso del tiempo, sin embargo, esa posición se ha deteriorado notablemente.

El abandono consular
Columnas de opinión

El abandono consular

Colombia debe preguntarse qué tipo de Estado quiere ser con sus ciudadanos en el exterior. Uno que celebra las remesas, pero desatiende las necesidades básicas de quienes las envían, es un Estado que recibe sin corresponder.

El dilema de la humanidad
Columnas de opinión

El dilema de la humanidad

Esto implica que cuando las personas se retiran de lo público -por agotamiento, miedo o indiferencia-, ese espacio no desaparece: es ocupado por otros. Y esos “otros” pueden ser movimientos de masas, intereses privados o burócratas sin rostro.