Hay un personaje típico de esta ciudad: el que critica a Barranquilla desde la comodidad de un sofá, con el ventilador encendido, en un barrio cuyo parque acaban de renovar, a dos cuadras del colegio público que este año subió a categoría A+. El que pasa el fin de semana en el Malecón, lleva los hijos a Puerto Mocho, se atiende en la red hospitalaria reconstruida de cero, y el lunes abre el computador a escribir que nada ha cambiado. Tiene esa virtud particular de disfrutar lo que niega. La ciudad avanza; ellos, no.
Los datos del Ministerio de Hacienda no hacen política: entre 2021 y 2025, Barranquilla creció 118 % en ingresos tributarios propios. Casi el doble que Bogotá. Casi el doble que Cali. En 2025 recauda más impuestos por habitante que la capital del país: dos millones de pesos por persona frente a $1.86 millones de Bogotá. El ICA, termómetro real de la economía que no se puede inflar con decretos, creció 187 % en cuatro años. Medellín, referente histórico de gestión municipal, creció apenas 87 %. El ICA de Cali lleva dos años cayendo; el de Barranquilla creció 38 % en 2024 y 24 % en 2025.
Dieciséis años de gestión planificada bajo el liderazgo de Alejandro Char, ejecutada con distintos alcaldes y una sola visión: invertir en infraestructura para atraer empresa privada, y devolver ese recaudo en servicios para quienes más lo necesitan. El resultado está en la calle: 326 nuevas zonas verdes; el Gran Malecón de cinco kilómetros, el espacio público más visitado de Colombia; Puerto Mocho, playa recuperada con medio millón de visitantes y 1.130 empleos directos; el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín, premiado por ONU-Hábitat. En educación, 14 colegios categoría A+, más que cualquier ciudad del país. En salud, el Hospital General del barrio San Roque, inaugurado en enero de 2025 con $200 mil millones de inversión después de décadas de abandono. Y el programa Todos al Parque, elegido en Nueva York el proyecto de transformación urbana más innovador del mundo. No de Colombia. Del mundo.
Hace veinte años esta ciudad estaba bajo la Ley 550, intervenida, en quiebra, incapaz de invertir en nada. Los responsables de ese desastre no desaparecieron: hoy quieren regresar con el petrismo, convencidos de que Barranquilla les debe una segunda oportunidad. Que no se nos olvide que ellos la quebraron. Hoy el BID, la OCDE y el Financial Times la citan como modelo mundial. Lo que costó dieciséis años levantar no sobrevive cuatro años de la misma ideología que la hundió.
Los críticos de sofá tienen derecho a opinar. Faltaba más. Pero deberían tener la decencia mínima de hacerlo de pie.
@junioryidi








