Pero la apuesta no se quedó en los resultados académicos. Barranquilla tomó la decisión de enseñarle inglés a sus niños desde preescolar, no como un lujo sino como un derecho. La política pública de bilingüismo, la primera del país con más de $80.000 millones de pesos asignados, ha beneficiado a más de 157.000 estudiantes y 4.000 docentes en cuatro años
El mismo gobierno quebrado, con déficit fiscal del 6,4% del PIB, nos vende megainversiones de última hora sin plata, sin plan técnico y sin cronograma.
El Carnaval ya terminó y los datos están sobre la mesa. Las calificadoras han hablado y el Departamento Nacional de Planeación lo certifica. Mientras Barranquilla construye, crece y paga, les queda un consejo a los de la comparsa: aprendan a bailar, para ver si los dejan desfilar en el próximo Carnaval. Porque la crítica no es lo suyo.
Hace veinte años esta ciudad estaba bajo la Ley 550, intervenida, en quiebra, incapaz de invertir en nada. Los responsables de ese desastre no desaparecieron: hoy quieren regresar con el petrismo, convencidos de que Barranquilla les debe una segunda oportunidad.
Mientras Petro desfinanciaba la seguridad del país con su fracasada Paz Total, la Alcaldía de Alejandro Char destinaba más de $100.000 millones del presupuesto de los barranquilleros, plata que pudo haberse invertido en hospitales, colegios y vías.
Cada subsidio entregado significa una familia que deja de pagar arriendo, gana estabilidad y mejora su calidad de vida. Es una oportunidad real para que miles de hogares tengan casa propia y vivan mejor.
La transformación ha sido integral y continua. Puerto Mocho recibió más de 515.000 visitantes en su primer año, conectando a Barranquilla con el mar como nunca antes.
El próximo presidente asumirá un país fiscalmente agotado, sin espacio para errores ni promesas vacías. Con una deuda en ascenso, ingresos debilitados y un gasto inamovible, las decisiones que deberá tomar serán drásticas: una reforma tributaria de gran calado, recorte del aparato estatal, y ajustes que afectarán subsidios y programas populares.
¿Y la deuda? Claro que existe, pero está lejos de ser un problema. Endeudarse para transformar la ciudad no es una señal de crisis, sino de visión.
Las parlamentarias de 2026 no solo medirán la fuerza del petrismo: pondrán a prueba si los colombianos respaldan la continuidad del giro político iniciado en 2022 o si buscan un contrapeso que limite su alcance.