Mañana será un día importante para Colombia, como ocurre cada cuatro años, los ciudadanos acudiremos a las urnas para elegir a los senadores y representantes a la Cámara que integrarán el Congreso durante los próximos cuatro años. Puede parecer una jornada más dentro del calendario político, pero en realidad es mucho más que eso, es uno de los momentos más claros en los que una democracia se pone a prueba.
Esta vez la fecha coincide con algo igualmente significativo: el Día Internacional de la Mujer. Puede parecer una coincidencia del calendario, pero en realidad es una oportunidad para recordar algo que a veces olvidamos con facilidad: no siempre todas las personas pudieron votar en Colombia y en el mundo. De hecho, hace apenas 70 años las mujeres en nuestro país no tenían ese derecho. Colombia fue incluso uno de los últimos países de América Latina en reconocer el voto femenino.
Hoy parece obvio que hombres y mujeres participen en igualdad de condiciones en las elecciones. Pero esa obviedad es el resultado de décadas de lucha, de movilizaciones, de cambios culturales que no fueron fáciles y si ampliamos un poco la mirada, la historia se vuelve todavía más significativa. En pleno 2026 aún existen países en el mundo donde las mujeres no pueden ejercer el derecho al voto. Afganistán y Eritrea siguen siendo ejemplos dolorosos de ello. Otros países lo reconocieron apenas hace pocos años: en Arabia Saudita, por ejemplo, las mujeres pudieron votar por primera vez en 2015.
Por eso votar no es un simple trámite ni un acto automático, es una conquista. Para millones de mujeres en la historia y todavía hoy en algunos lugares del mundo, ese gesto sencillo de marcar un tarjetón fue, y sigue siendo, una lucha. Pero la historia no termina ahí, si el derecho a votar ha sido difícil y todavía incompleta en algunos lugares del mundo, imaginemos lo que implica dar el siguiente paso: ser elegidas. La brecha entre participar y ocupar espacios de poder sigue siendo grande. Las mujeres votan, participan, lideran, pero aún enfrentan obstáculos para llegar a los lugares donde se toman las decisiones.
Por eso estas elecciones también son una oportunidad para reflexionar sobre la representación. Sobre quiénes nos representan, sobre qué voces llegan al Congreso y sobre si el país que elegimos se parece realmente al país que somos.
Mañana iremos a las urnas. Algunos lo harán con entusiasmo, otros con escepticismo, y muchos quizás con la sensación de que nada cambia demasiado. Pero vale la pena recordar que votar sigue siendo una de las herramientas más poderosas que tenemos como ciudadanos.
@CancinoAbog








