Respaldar una nueva administración significa apostar por la posibilidad de un cambio real. Antes de anticipar fracasos o alimentar divisiones, resulta necesario permitir que las decisiones, las acciones y los resultados hablen por sí solos.
Ninguna investigación debería desarrollarse bajo la presión de expectativas mediáticas, debates políticos o narrativas construidas por la opinión pública. La justicia debe decidir con expedientes, no con tendencias.
Este domingo no se trata únicamente de escoger entre diferentes opciones políticas. Se trata de entender que el futuro del país también depende de nosotros. Porque Colombia nos necesita presentes, críticos e informados.
La bandera no puede convertirse en patrimonio exclusivo de unos ni en símbolo prohibido para otros. Precisamente porque representa a toda la Nación, los colombianos deben conservar la libertad de exhibirla y sentirse representados por ella en cualquier lugar y circunstancia.
La situación ha llegado a un punto en el que incluso actores internacionales han expresado preocupación por la necesidad de preservar la confianza en el proceso democrático colombiano. Y no es para menos. La democracia exige algo que a veces parece muy difícil: saber perder.
Por eso hoy más que nunca hay ciudadanos que ven en Abelardo De La Espriella la posibilidad de recuperar autoridad y volver a poner límites donde hace tiempo dejaron de existir. Este fin de semana no se define únicamente una elección. Se define el país que Colombia quiere ser durante los próximos años. Llegó por fin el momento de enderezar el camino.
Lo más doloroso es que esta no es una historia aislada. Colombia lleva años viendo casos similares: personas que ingresan a supuestos centros estéticos y terminan perdiendo la vida o sufriendo daños irreversibles. Y aun así, pareciera que seguimos reaccionando únicamente cuando ocurre una tragedia.
Cuando se persigue a un abogado defensor, no se afecta únicamente a una persona o a una profesión. Se afecta directamente el derecho a la defensa, que es una garantía fundamental en cualquier Estado de derecho. Porque el mensaje que se envía es peligroso: defender tiene consecuencias. Y cuando el miedo entra en el ejercicio profesional, la justicia empieza a perder equilibrio.
Quizás una de las tragedias más dolorosas de Colombia es habernos acostumbrado a escuchar esa noticia como si fuera una cifra más. Niños convertidos en combatientes, alejados de sus familias, utilizados para la guerra y privados de cualquier posibilidad real de infancia.
Aquí no hay una discusión entre derecha o izquierda, ni entre capitalismo o cambio climático. Hay una discusión mucho más básica: coherencia. Porque un gobierno puede tener la mejor narrativa global, pero sí en lo local no hay resultados, esa narrativa pierde fuerza.