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Mientras en buena parte del país suenan los despertadores para iniciar la jornada laboral, en Barranquilla el lunes sigue teniendo sabor a Carnaval.

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Desde las 11:30 de la mañana, el Rumbódromo de la Vía 40 vuelve a latir al ritmo de tambores, metales y potentes bajos con la Gran Parada de Comparsas, uno de los desfiles más esperados de las carnestolendas.

Bajo el concepto ‘Aquíiii suenan los picós… en las comparsas’, la Vía 40 se convirtie en un gran homenaje a esas máquinas sonoras que han marcado generaciones y han sido bandera de identidad en los barrios populares.

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Más de 100 grupos, entre comparsas de fantasía y de tradición popular, comenzaron a desfilar en cinco bloques temáticos que exaltan la memoria musical del Caribe y su capacidad de reinventarse.

Las sirenas e la policía se escuchan en la Vía 40, avisando a los barranquilleros y extranjeros presentes en el evento, que están a punto de ver el talento cultural de la ciudad. A los barranquilleros y lejos se escuchan música africana que trae la primera comparsa de la mañana, Selva Africana.

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El desfile avanza entre coreografías, vestuarios cargados de brillo y propuestas escénicas que mezclan ritmos propios como la cumbia, el mapalé y el chandé, con sonoridades foráneas que también han encontrado en los picós su mejor vitrina. El público, apostado desde temprano en los bordillos y palcos, responde con aplausos y baile a cada puesta en escena.

¡Abran paso a las comparsas y a las Marimondas de Barrio Abajo!

Luego el turno fue para las Marimondas de Barrio Abajo. La comparsa, que está integrada por cientos de bailarines, enamoraron al los espectadores con su coordinación impecable.

Josefina Villarreal

Las grandes comparsas de fantasía Son Africano, Torito Carnaval, Son Latino, África Mía, Klama, Son de Mar, que hacen parte del primer bloque, parecen diamantes bajo el sol de este lunes, sus vestuarios hermosos protagonizan esta muestra.

Josefina Villarreal

Atrás seguían las comparsas Rumbón Normalista, Boryi que son de la tercera edad, Comparsa Hawaiana de la Ceiva moviendo sus caderas al ritmo que sus músicos tocaban. Comparsas de tradición también dijeron: ¡Presente! Cipote Alegría, Soy Pelayero, Talento Sucreño, Rebelión de las Auténticas Marimondas del Barrio Abajo, Takumtá.

Josefina Villarreal

Como cada año, Rumberos Caribeños llegaron bailando salsa y sonidos latinos con un bello vestuario fucsia con azul. Su sabor hizo gritar al los carnavaleros que observaban en la Vía 40.

Santo Tomás se tomó el Rumbódromo

Santo Tomás llega al desfile de lunes de Carnaval con su sabor. Los Reyes del Carnaval de los Niños, Sharon Acosta y Joshua Ortiz, aparecieron con su comitiva bailando en el Rumbódromo y acercándose al público para darles un show único y especial. Todos gritaban sus nombres y al mismo tiempo bailaban con los soberanos.

Son de Mar se lució con sus vestuarios alusivos a las tortugas de mar. Kalunga bailó champeta verbenera gon vestuarios salmón.

El Rey Momo rinde homenaje al Congo en la Gran Parada de Fantasía

Con la fuerza simbólica de un ave fénix que resurge entre fuego y tamboras, el Rey Momo Adolfo Maury se presenta en la Gran Parada de Fantasía del Carnaval de Barranquilla 2026 luciendo un traje que palpita historia y tradición: ‘El Renacer del Congo’.

La impactante propuesta rinde tributo a los 150 años del Congo Grande de Barranquilla, emblema de la herencia afrocaribeña y ejemplo de resistencia, identidad y dignidad cultural frente al paso del tiempo y las dificultades.

El diseño, adornado con un exuberante plumaje en tonalidades naranja, rojo intenso, dorado y negro, simboliza el fuego y el sol como energías de transformación. Cada brillo alude a la capacidad de levantarse tras la adversidad, resaltando no solo la fuerza de esta danza ancestral, sino también la perseverancia familiar y colectiva que ha sostenido su legado.

Más que una puesta en escena, “El Renacer del Congo” se convierte en un manifiesto de memoria, orgullo y esperanza, una reafirmación de que cuando la tradición arde con pasión, su llama nunca se extingue.

La reina y su mensaje ambiental

Uno de los momentos más esperados de la tarde es la aparición de la soberana, Michelle Char Fernández, reina del Carnaval de Barranquilla. La monarca, en su año 90 de reinado institucional, había guardado bajo siete llaves los detalles de su vestuario para esta Gran Parada.

Michelle lució una fantasía cargada de simbolismo ambiental y conciencia ecológica. El diseño rinde homenaje a un ave en peligro de extinción, estrechamente vinculada al ecosistema de la ciénaga de Mallorquín. Plumas, texturas y estructuras evocan la fragilidad y la riqueza de este hábitat natural, integrando un mensaje claro sobre la necesidad de proteger la biodiversidad del Caribe.

La cultura que une regiones

La jornada también ha tenido un guiño especial a la hermandad cultural del país. Tres silleteros tradicionales de la Feria de las Flores llegaron desde Medellín para saludar al público barranquillero, arrancando aplausos y fotografías a su paso. Su presencia simboliza el puente cultural entre dos de las celebraciones más emblemáticas de Colombia.

Asimismo, la organización dispuso un espacio especial para honrar la memoria de Carlos Sojo, investigador y estudioso del Carnaval, cuyo trabajo académico y pasión por la tradición siguen siendo referencia obligada para entender la evolución de la fiesta.

A esta hora, el Rumbódromo sigue vibrando. Las comparsas continúan su paso firme por la Vía 40, demostrando que, en Barranquilla, el lunes no es sinónimo de rutina, sino de tambor, picó y resistencia cultural. La Gran Parada de Comparsas confirma, una vez más, que el Carnaval no se detiene y que su sonido, ese que retumba desde los barrios hasta el mundo, sigue más vivo que nunca.

Con el cielo tiñéndose de naranja sobre la Vía 40 y el público todavía aferrado al evento, la Gran Parada de Fantasía de este lunes bajó el telón dejando una certeza: el Carnaval de Barranquilla no solo celebra su historia, también reafirma su vigencia y su capacidad de reinventarse.

Tras varias horas de desfile ininterrumpido, el Rumbódromo brilló hasta el último bloque con comparsas que apostaron por la espectacularidad, la disciplina coreográfica y el poder de la puesta en escena. Lentejuelas, estructuras monumentales, plumas y luces desfilaron como una pasarela a cielo abierto, mientras los tambores y sonidos picoteros marcaron el pulso de una ciudad que se resiste a que el lunes sea sinónimo de rutina.

La fantasía se convirtió en lenguaje común: propuestas inspiradas en la herencia afrocaribeña, en la riqueza marina y en la fuerza de las tradiciones populares encontraron eco en un público que no dejó de aplaudir, bailar y grabar cada momento. Desde las graderías y palcos, visitantes nacionales y extranjeros se sumaron a la celebración que reafirma a Barranquilla como epicentro cultural del Caribe colombiano.

La organización reportó un desarrollo fluido del desfile, acompañamiento de autoridades y un comportamiento mayoritariamente ejemplar del público, lo que permitió que la jornada transcurriera sin contratiempos de consideración.