Katerine Pico no había terminado de sepultar a su pequeño hijo Kevin Acosta, de solo 7 años, cuando ya tuvo que escuchar, comprobar y mirar de frente la indolencia y antipatía de un gobierno que poco o nada hace para reconocer sus graves errores, pero sí mucho siempre para encontrar culpables a las situaciones que hacen parte de sus responsabilidades y que tiene en sus manos resolver, mejorar o al menos atender.

En el consejo de ministros celebrado la noche del pasado lunes, en una desafortunada y cínica declaración, el ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, atribuyó la muerte del menor al accidente que sufrió al caer de una bicicleta y no a las fallas en su traslado a un centro asistencial de mayor complejidad por falta de autorización de la Nueva EPS que ahora dirige el Ejecutivo y a la falta de medicamentos, pues desde diciembre Kevin no recibía la dosis que religiosamente le suministraban desde que tenía nueve meses de nacido cuando fue diagnosticado con hemofilia.

Tesis que inmisericordemente, sin el más mínimo recato o rubor, suscribió el presidente Gustavo Petro, quien, cual lenguaraz es, aseguró que no hubo prevención porque no se les enseña a las mamás que “no nacen aprendidas” a cuidar de sus hijos enfermos, y que efectivamente los niños con hemofilia no pueden subirse a una bicicleta.

Qué desvergüenza que el jefe de Estado y, peor aún, su ministro de Salud, un médico que se supone tiene el conocimiento y formación sumados a los años de experiencia, no sepa o se informe sobre el hecho de que incluso hay ciclistas profesionales con el mismo diagnóstico de Kevin que compiten al más alto nivel y hasta han sido campeones.

La ignorancia a la que alude el presidente y que atribuye a la adolorida madre de Kevin –que lleva años lidiando con la hemofilia no solo por su hijo, sino por otros familiares que también la padecen y que aguardan por sus medicamentos– más bien retrata la que lleva a cuestas él y sus ministros, que en cada oportunidad que tienen hacen gala no solo del desconocimiento del sector que manejan, sino de la tozudez con que lo hacen, anclados en sus ideologías y con una desconexión absoluta y descomunal de la realidad que vive el país.

La tragedia por la muerte de Kevin solo es una reconfirmación de la debacle de un sistema de salud que tenía mucho por mejorar –es cierto–, pero que funcionaba. Tanto que, según lo confirmó el presidente de la Liga Colombiana de Hemofílicos, hace más de 20 años un paciente con esta condición no moría por falta de acceso a los medicamentos que les garantizan una calidad de vida normal como la de cualquier otro ser humano. Esto porque el suministro del fármaco llamado emicizumab fue incluido en el plan obligatorio de salud.

Una vez el pequeño falleció, su mamá reveló que su hijo no recibía hace dos meses el medicamento que le aseguraba la coagulación para poder mantener su salud de forma preventiva. Pues la Nueva EPS, bajo control del Gobierno al mantenerse intervenida por la Superintendencia de Salud, terminó el 31 de diciembre el contrato con la IPS que hacía el seguimiento a los pacientes hemofílicos y se encargaba de suministrarles cada mes las dosis de las inyecciones que requieren para que su sangre coagule y su organismo funcione normalmente. Luego asignaron una segunda IPS con la que también se terminó abruptamente el contrato.

¿No falló acaso la prevención, o como se le llama técnicamente, la profilaxis, que debe asegurar la EPS o el sistema de salud a los pacientes hemofílicos?

Kevin es el alto precio que el país está pagando por un “cambio” en el sistema de salud promovido por el gobierno Petro, uno que destruyó lo que servía, no solo no lo mejoró, sino que lo empeoró, adrede. No se nos puede olvidar el ‘chu, chu, chu’ y la crisis que este gobierno buscó provocar para justificar su reforma a la salud, que ha ido implementando por decreto, ya que no pudo conseguirlo vía legislativa.

Por lo pronto, hay al menos otros 50 pacientes hemofílicos afiliados a la Nueva EPS en espera de sus medicinas. ¿Tendrán que encerrarse o poner en pausa sus vidas –según la tesis del ministro Jaramillo y del presidente Petro– para mantenerse a salvo y prevenir su muerte? Por Dios, basta de tanta indolencia negligente, asuman responsabilidades y, sobre todo, garanticen la vida de los Kevin y de todos los colombianos que merecemos un sistema de salud digno y eficiente.