Solo pensar en la posibilidad de que se repita una pandemia de proporciones similares a las experimentadas seis años atrás con la covid-19, hace que nos invadan el miedo y la angustia. Indudablemente, fue avasallante: dejó 22,1 millones de víctimas mortales y más de 700 millones de contagiados.
Recientemente, las noticias del brote de hantavirus en un crucero que partió de Argentina con destino a Cabo Verde, en África, desataron, otra vez, el desasosiego y la incertidumbre, principalmente, por la desinformación y las especulaciones.
Hasta ahora, la Organización Mundial de la Salud da cuenta de 11 casos de afectados, entre ellos los tres fallecidos en el crucero MV Hondius y una ciudadana francesa, cuyo estado de salud es grave. Los pacientes se encuentran aislados, bajo supervisión médica y, aunque no se descartan más contagios entre los pasajeros, la OMS ha indicado que, por el momento, no es posible que se dé un “brote mayor” o que pueda extenderse a la condición de pandemia. El barco atracó en España, desde donde se organizó la repatriación de los viajeros, al estimarse que Cabo Verde no tenía capacidad para este procedimiento.
Los antecedentes de la enfermedad están relacionados con la fiebre hemorrágica registrada en 1978 en Corea del Sur, cerca del río Hantan —a la cual debe su denominación—, y cuyo transmisor fue un roedor de campo, pero también se le vincula con más de 3000 casos con síntomas similares entre las tropas de la ONU en la Guerra de Corea, de 1951 a 1953. Según un artículo publicado en Elsevier (2010), “las personas contraen la infección por hantavirus por contacto directo con roedores infectados o sus excrementos aerosolizados; aunque existen informes que documentan la propagación del ANDV (la cepa llamada virus Andes) de persona a persona”.
Es menester, como lo recomiendan las autoridades sanitarias, reforzar estrictamente la vigilancia epidemiológica pues, por el largo tiempo de incubación del hantavirus, los casos derivados del brote podrían aumentar en próximos días.
Una de las lecciones que le dejó la pandemia a la humanidad es la trascendencia de la investigación científica en virología y el desarrollo de conocimientos prácticos para prevenir pandemias virales. Esto motivó a la Universidad Simón Bolívar a construir y dotar una Unidad de I+D+I en Virología, aliarse con el Instituto Nacional de Salud y diseñar el Doctorado en Virología, el primero en su tipo en América Latina, que busca formar científicos del más alto nivel en virología y fortalecer las capacidades científicas del país frente a estos desafíos.
@Rector_Unisimon








