Posiblemente hace más de treinta años desde que nos comunicábamos con el Departamento del Magdalena por tierra mediante el Ferry atravesando el Río, los gobiernos nacionales y todos los Presidentes de turno prometían y juraban y nos llenaban de esperanzas con las ampliaciones, mantenimiento, arreglos a deformidades, protecciones para el mar crecido, avances en el camino de la manigua, en fin, múltiples propósitos que jamás se cumplieron. Mientras tantos miles de kilómetros en el interior del país hicieron nacer nuevas autopistas y unas maravillosas carreteras que enorgullecieron merecidamente a sus Departamentos y facilitaron el progreso vial del país.
Hoy después de tanto tiempo y estar aburridos de las promesas incumplidas, es decir de los engaños para conseguir votos, las cosas siguen iguales. Como un milagrito excepcional por allí en estos días se anunció la ampliación de un carril adicional en los primeros 19 kilómetros de la vía Barranquilla-Ciénaga. Por supuesto que no creemos una palabra hasta tanto no ver la maquinaria tumbando maleza.
Igualmente podemos decir de la carretera La Cordialidad que nos une con Cartagena atravesando municipios tan importantes como Galapa, Baranoa, Sabanalarga, Luruaco y varios más destacados, que se acostumbraron a las desilusiones cotidianas.
En las carreteras internas del Magdalena lo mismo. Vías tan importantes como Ciénaga - Pivijay para no escoger sino una para comentar por falta de espacio, duermen las ilusiones por más de esos treinta años igualando otras como las que salen de Fundación para el resto del Departamento o las que se dirigen hacia el sur conectan con Sucre y Córdoba.
Nada más en todos ellos puros remiendos mientras el interior de Colombia se llenaba de estupendas vías hoy afortunadamente premiando Departamentos tan responsables y trabajadores como Antioquia o Cundinamarca o el Valle o la región Cafetera para no mencionar sino unos pocos.
El Caribe totalmente ignorado por todos, léase bien, por todos los Presidentes de este periodo mencionado que aquí venían a pedir votos, se subían en una tarima en el Paseo Bolívar, lanzan promesas a la multitud y después nos hacían pistola con disimulo o sin ese disimulo cínicamente.
Esa es nuestra verdad y la historia que hoy no se equivoca lo vivió. Por la vía al Mar Barranquilla se ilusionó con la promesa de la autopista. Años y años donde a veces se adelantaban metros no kilómetros. Una vía que podría ser para mostrar al mundo las bellezas naturales de esta sección del país, que nos enorgullece, pero que cada vez que nos asomamos por allá descubrimos solo que avanzó diez o quince metros cada tres meses.
¿Entonces nos preguntamos, por quienes vamos a votar en estas elecciones, por aquellos que sospechamos nos van a “mamar gallo” otros treinta años o si aparecerá un nuevo mandatario que no sea embustero y cínico como muchos anteriores?







