El manejo populista, irresponsable y carente de rigor técnico por parte del Ejecutivo ha configurado un panorama muy preocupante para la economía del país. Pero lo más grave es que cuando organismos independientes cuestionan o frenan medidas a todas luces perjudiciales, el Gobierno amenaza con marchas, o sus representantes pasan por alto la institucionalidad atacando la democracia misma.
El último episodio fue protagonizado por el ministro de Hacienda, Germán Ávila, quien se retiró de la Junta Directiva del Banco de la República como protesta por el aumento de las tasas de interés.
Por supuesto que el Gobierno está en todo su derecho de manifestar su desacuerdo.
¡Bienvenido el debate!
Más esa actitud, inédita, sienta un nefasto precedente que ataca la independencia del emisor, factor esencial para nuestra economía y democracia.
Tristemente esta clase de reacciones por parte del Ejecutivo no son hechos aislados.
Una reacción similar tuvo lugar cuando el Consejo de Estado suspendió el salario mínimo decretado por el Presidente de la República en diciembre pasado.
En esa ocasión el Jefe del Estado amenazó con tomarse las calles como respuesta a la decisión de un organismo independiente, que actuó en derecho, ejerciendo su papel como corresponde en una democracia regida por la separación de poderes.
En su momento, para muchos el aumento del salario mínimo se vio como una buena noticia para miles de colombianos. Fue muy bien recibida en redes, generando un importante impacto en las encuestas y en las elecciones del pasado 8 de marzo.
Pero el tiempo demostró que en realidad era una fruta envenenada que no fue acompañada de antídoto alguno, como habría sido un paquete de alivios tributarios para el sector privado.
Quiero ser muy clara: nadie en sus cinco sentidos se puede oponer a mejorar el ingreso de los colombianos.
Pero ese tipo de decisiones deben ser complementadas estratégicamente para compensar el impacto en el empresariado. Lamentablemente no fue así y hoy las empresas están asfixiadas, la inflación al alza y la informalidad en franco ascenso.
El panorama en materia de atracción de inversión extranjera directa (IED) también es desalentador. Según reportó el emisor, el 2025 cerró con una reducción de 16,2 por ciento con relación a 2024. Y el año comenzó a la baja, registrando una disminución de 21% en el primer bimestre del año.
A lo anterior se suma el desmesurado endeudamiento del país que, llegando a niveles históricos, representa el 64.4 por ciento del PIB del país. En conclusión, el Gobierno está creando una tormenta perfecta, una bola de nieve de consecuencias incalculables.
Por fortuna, estamos a tiempo de desactivarla y la solución está en las urnas. Necesitamos de un Gobierno enfocado en lo social, pero que sea responsable, mesurado y respetuoso de las instituciones. La decisión está en nosotros. El futuro de la democracia y de nuestra economía está en nuestras manos.
@FlaviaSantoroT








