Rafael Santos Borré fue, durante mucho tiempo, un consuetudinario convocado del técnico de la selección Colombia, Néstor Lorenzo. Era, además, el centro delantero titular, uno que no solo tenía la misión intrínseca de la función, que es convertir goles, sino una extra que era sacrificarse en recorridos y esfuerzos en favor de lo que se le exime a James Rodríguez en ese aspecto del juego. Todo ajustado al ordenamiento táctico dispuesto por el técnico.
En ese bifronte funcional, Borré tuvo aceptables actuaciones, combinadas con algunos goles importantes, unos de bonita factura y otros que sirvieron para ganar. Sin embargo, no fueron en la cantidad y frecuencia que clausurara cualquier debate sobre su titularidad.
Con el transcurrir de la competencia Borré fue perdiendo el protagonismo, unas veces porque le dedicaba mucho tiempo y sudor a contener por un costado la intención ofensiva de los rivales, y otras porque extravió su técnica para la participación grupal y, sobre todo, para la definición. Entonces, aparecieron Jhon Cordoba, no exento de altibajos, pero reconfortado por sus dos últimas intervenciones con gol en la eliminatoria, y Luis Suárez, hoy por hoy en una relación idílica con el gol en el Sporting de Lisboa. Él tampoco hizo mucha oposición a esas decisiones por el rendimiento en sus clubes.
Pero, el momento actual de Borré en el Internacional de Porto Alegre tiene la compañía de un alentador reencuentro con el gol y una necesaria continuidad con buen nivel. ¿Acaso con estas señales que está enviando, Lorenzo, que ha demostrado tenerlo en sus querencias futbolísticas, le abrirá otra vez las puertas de la Selección? ¿Sería el tercer delantero centro para el Mundial? ¿O, por lo pronto, sería citado para los amistosos? Lorenzo siempre lo ha querido, y él está haciéndose querer.








