La próxima Feria Internacional del Libro de Calcuta, una de las más importantes del mundo, que se celebrará del 22 de enero al 3 de febrero de 2026, tendrá en sus estantes una novedad editorial con sabor Caribe: la traducción al bengalí de Vivir para contarla, las memorias de Gabriel García Márquez. Para saber más sobre este nuevo libro, conversé con la traductora india Arundhati Bhattacharya, a quien invité hace unos años a la Universidad del Norte para ofrecer una conferencia sobre el influjo de Gabo en el mundo literario bengalí. Comparto aquí dos de sus respuestas:
¿Cómo ha sido el proceso de traducir Vivir para contarla?
Es un trabajo gigantesco. Realizar solo la mitad, hasta el capítulo 4, me había costado cuatro años. Traducir a Gabo siempre es un reto. A veces me parece imposible trasladar sus palabras al bengalí, especialmente por el uso de los adjetivos. Son tan inesperados que, si los traduzco tal como están, no tendrían ningún significado en nuestra lengua. Otra dificultad son las frases largas, porque la sintaxis del bengalí es totalmente diferente de la del español. Hay que dividir una frase en tres o cuatro, y esto debía hacerse sin cambiar su gran estilo. De hecho, fue imposible. Los lectores bengalíes tienen que aceptar este límite de la traducción. Aparte de estas dificultades estructurales, la diferencia cultural siempre pone obstáculos para traducir con fluidez. Esta diferencia se hace especialmente visible cuando se trata de una autobiografía, en la que las costumbres sociales, las ideas políticas, las supersticiones y la fe religiosa del autor y de su tiempo aparecen en cada rincón del texto. Un ejemplo sencillo: “velorio” es una palabra muy difícil de traducir, porque en nuestra región no conocemos este ritual, ya que la mayoría somos hindúes. Tener hijos fuera del matrimonio no es algo común en nuestra sociedad, sino un grave estigma social. Así existen muchas diferencias que, al final, dificultan la elección de la palabra más adecuada. Para solucionar este problema tenemos solo un arma: poner notas a pie. A mí no me gusta hacer el texto pesado con notas, pero no hay otra manera de escapar. Existen dos caminos frente a un traductor: o bien poner al escritor en su lugar y llevar a los lectores hasta su campo, o bien dejar a los lectores en su zona de comodidad y traer al escritor a su casa. Yo prefiero mantener un equilibrio entre estas dos vías, para que los lectores, sin salir de su zona de comodidad, puedan gozar de la belleza de la pequeñísima flor azul del jardín de Gabo.
¿Háblame de tu experiencia en el Caribe colombiano?
Fue una experiencia inolvidable. Siempre recuerdo mi viaje a Colombia, especialmente a Aracataca. Cuando estaba a punto de entrar en la Casa Museo me sentí tan emocionada que no pude contener las lágrimas. Tomé un poco de polvo de la entrada y lo puse sobre mi cabeza, porque creí que todavía contenía el polvo de los pies de Gabo. Aquí lo hacemos normalmente al entrar en un templo. Mi sueño se realizó literalmente, porque antes había soñado muchas veces que iba a la casa de García Márquez, y todo lo que vi allí era tal como se describe en Vivir para contarla. La gente de allí era muy amistosa y de corazón abierto. En la Universidad del Norte, en Barranquilla, recibí una cálida bienvenida por parte de los profesores y los estudiantes. Mi ponencia también fue bien recibida. Me gustaría volver allí de nuevo para relacionarme más con los alumnos, así como para conocer mejor la ciudad.








