Pase lo que pase en el terreno de juego, la vida sigue. No es el fin del mundo. “El fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes”, dijo con acierto el entrenador itaiano Arrigo Sacchi.
Una de las medidas prohíbe el ingreso de los involucrados en los disturbios al estadio durante dos años.
Es lamentable que volvamos a las desafortunadas épocas en las que un puñado de antisociales determinaba, con sus repudiables actos violentos, cuándo debía pitarse el final de un partido. Eso fue lo que ocurrió este fin de semana en el fútbol colombiano. No es como algunos de manera simplista quieren hacer ver, que se trató de un asunto de malos perdedores. Sí, en el fondo, también está relacionado con eso, pero la verdad es que estas reprochables conductas de unos cuantos son una señal más de la tensión social que aquí crece. Las violencias se retroalimentan.
El portero casi celebraba la victoria de su equipo tras lo que parecía un fallo de su rival desde el punto blanco. Sin embargo, la historia dio un inesperado giro.
El compromiso fue finalizado por falta de garantías.