Para 2030, el 39% de las competencias laborales requeridas cambiarán. Las empresas priorizarán el pensamiento crítico, la creatividad, la adaptación al cambio y el trabajo en equipo. Además, las habilidades tecnológicas serán fundamentales para insertarse en el nuevo mercado laboral. En este escenario, la falta de formación en estas áreas puede convertirse en un factor de exclusión para miles de trabajadores.
El 2025 nos plantea una realidad ineludible: la tecnología ya no es un diferenciador, sino un elemento esencial para la gestión del talento. Aquellas empresas que integren la IA y el aprendizaje continuo en su estrategia no solo optimizarán procesos, sino que fortalecerán su capacidad de innovación y resiliencia en un mundo laboral en constante evolución.
Pero las cosas están cambiando. Cada vez más jóvenes buscan alternativas, combinando estudios con experiencias más flexibles. Aprenden en plataformas digitales, crean proyectos propios, monetizan habilidades y rechazan la idea de que el éxito solo puede venir de un empleo tradicional. No es un camino fácil ni inmediato, pero es una respuesta natural a un sistema que dejó de ofrecer certezas hace mucho.
Es necesario un enfoque más equilibrado que contemple incentivos para la contratación formal, respetando las dinámicas del mercado laboral colombiano, en el que la informalidad sigue siendo un reto estructural.
El sector de recursos humanos es uno de lo que más personal requiere.