El próximo Día del Amor y la Amistad es una buena oportunidad para reflexionar sobre las relaciones humanas, el afecto y la importancia de cultivar vínculos sanos y significativos. En este contexto, el amor y la amistad se presentan como pilares fundamentales del bienestar emocional, influyendo en la calidad de vida de las personas y en su desarrollo como seres sociales.
Desde una perspectiva psicológica y ética, podemos examinar el concepto de amor en pareja a través de mi definición del amor: "tener un compromiso con uno mismo de hacer todo lo que puedas por proporcionarle bienestar y felicidad a la persona amada sin hacerse daño a uno mismo", y las palabras bíblicas de San Pablo, quien señala que "cuando amamos, no ofendemos".
Mi definición del amor destaca dos aspectos clave: el compromiso personal y el bienestar mutuo. Esta concepción del amor va más allá de las emociones pasajeras o del romanticismo idealizado, enfocándose en la responsabilidad activa que cada persona tiene hacia su pareja. Amar no es simplemente sentir; es actuar de manera consciente para contribuir al bienestar de la persona amada, al mismo tiempo que se cuida a uno mismo.
Amar implica una dedicación continua hacia el otro, basada en el deseo genuino de que esa persona se sienta bien, sea feliz y crezca en la relación. Esto no significa cumplir con expectativas irreales ni sacrificarse completamente, sino buscar un equilibrio donde ambas personas se nutran emocional y psicológicamente.
El bienestar propio como límite: en mi visión, el amor no se trata de perderse en el otro ni de sacrificarse hasta el punto de olvidarse de uno mismo. Es crucial que el amor esté basado en el respeto mutuo y el autocuidado. Si una relación comienza a generar daño personal, ya no se está cumpliendo con este compromiso saludable, y la relación puede volverse tóxica o destructiva.
Las Palabras de San Pablo, "Cuando Amamos, No Ofendemos", aporta una dimensión ética al concepto del amor: la no ofensa como principio fundamental del amar. Esto implica que, en el amor auténtico, las acciones y palabras no deberían causar daño intencionado o negligente. Cuando el respeto, la empatía y la consideración guían nuestras interacciones, se evita el dolor innecesario y se fortalece el vínculo afectivo.
Para San Pablo, el amor es una manifestación del respeto profundo por el otro. No se trata simplemente de evitar herir, sino de actuar con bondad, compasión y consideración en todo momento. En una relación de pareja esto significa que los conflictos deben manejarse con cuidado, siempre buscando resolverlos sin recurrir a la ofensa.
Muchas veces, el daño en una relación no proviene de actos grandes o violentos, sino de pequeñas palabras o gestos que erosionan la confianza y la conexión.