Es común ver en cualquier esquina del Caribe, o incluso en nuestras propias casas, un grupo de personas reunidas alrededor de una mesa llena de fichas acompañadas de un sonoro taca-taca, disputando una partida de dominó. Un juego cuyo fin es lograr combinaciones de puntos hasta agotar las fichas, y se juega entre dos parejas ubicadas de manera intercalada en la mesa, para que no puedan comunicarse entre sí. El dominó, por simple que parezca, recoge una de las más claras expresiones de lo que significa la toma de decisiones estratégicas.

Los jugadores se preguntan coloquialmente: ¿Tú juegas dominó o pones fichas? La pregunta pudiera ser risible, pero el trasfondo es profundo, ya que la primera alternativa no reviste el proceso integral de análisis que antecede el colocar una ficha; solo busca la coincidencia de los números.

En contraste, un buen jugador de dominó, antes de iniciar la partida, hace una planeación de la estrategia con su compañero y antes de colocar la primera ficha estudia el lenguaje no verbal de su pareja y los contenedores con el objeto de encausar el destino del juego de manera más favorable para sus objetivos.

La postura de cada ficha implica una evaluación de impacto en los escenarios siguientes del juego, que debe hacerse con gran rapidez. Así los jugadores toman decisiones secuenciales hasta lograr el objetivo planeado: el triunfo.

Aplíquemos esta analogía al proceso del próximo domingo 27 de octubre, en el que deberemos tomar una de las más importantes decisiones de nuestra vida. Se elegirán más de 117.000 cargos publicos, entre los cuales 1.101 alcaldes y concejos municipales, 32 gobernadores y asambleas departamentales y 1.040 juntas administradoras locales.

Sin duda es un momento trascendental en los últimos 60 años. Aunque todos los momentos seguramente han sido importantes, en esta oportunidad contamos con una nueva fuerza política en el panorama de juego, una escenario internacional inestable, la economía en vía de transformación de modelos tradicionales a una de automatización y digitalización que no tiene reversa y una realidad social compleja con brechas socioeconómicas gigantes

La pobreza multidimensional en las regiones Caribe y Pacífica es superior al 33%, mientras que en Bogotá es del 4,3%. Este indicador, entre muchos otros, nos deben llevar a reflexionar muy bien a quién le vamos a entregar la responsabilidad de liderar localmente las políticas públicas que nos lleven a impactar positivamente la calidad de vida de millones de compatriotas que no pierden las esperanzas de vivir mejor.

Votar es un derecho y un deber ciudadano que nos los brinda el artículo 258 de la Constitución Política de Colombia. Ejerzámoslo en plena consciencia, analicemos el impacto que tendrá la decisión que tome para mi familia, ciudad, mi departamento y el país entero.

La vida se construye minuto a minuto por las decisiones que tomamos; la invitación es que en esta oportunidad no solo pongamos la ficha, si no a que juguemos la partida estratégicamente.

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