Desde ayer, el cristianismo inició la conmemoración de la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos, que rememora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, donde, según la narración evangélica, fue recibido, a su paso, al son de cánticos, con ramas de árboles y mantos dispuestos en el suelo. Durante este periodo le abrimos nuestro corazón a la paz espiritual y consolidamos nuestra fe. Además, recordamos y vivimos los principales momentos de la vida del mesías y, sobre todo, sus enseñanzas, pasando por el triduo pascual: jueves, viernes y sábado santos, con la pasión, muerte y resurrección, que abren paso a la gran celebración de la pascua; y participamos de tradiciones católicas como las procesiones y la visita a los siete monumentos.
La Semana Santa también es acogida para el receso y el oportuno descanso de las actividades académicas y laborales. Es óptima, igualmente, para disfrutar de la variedad de frutos del mar que nos permiten paliar la abstinencia de carnes rojas; asimismo, endulzar nuestro paladar con los populares rasguñaos, dulces típicos elaborados con frutas, tubérculos y algunas legumbres.
Esta temporada de conexión religiosa y espiritual resulta, además, propicia para la meditación interior, para hacer una pausa introspectiva que nos permita revisarnos en el plano personal e íntimo, reencontrarnos con nosotros mismos y, por qué no, evaluar el impacto de nuestras acciones en el bienestar emocional y la propia salud mental, tan necesarios en tiempos de agitación permanente.
Igualmente, y no menos importante, es la reflexión que, como integrantes de la sociedad, nos corresponde frente al devenir de la contemporaneidad y que merece toda nuestra atención. El hecho de que este año se encuentre signado por decenas de conflictos bélicos amerita repensar si ya la humanidad ha normalizado este medio para dilucidar las diferencias, sin detenerse ante sus nefastas consecuencias. Acojo, en este sentido, las palabras del papa León XIV, quien dice que “no podemos permanecer en silencio ante el sufrimiento de tantas personas indefensas, víctimas de estos conflictos. Lo que las hiere a ellas lacera a toda la humanidad”.
También debemos reflexionar sobre nuestro compromiso de ser expresivos de los valores, virtudes y normas éticas que deben guiar nuestra existencia. Por ello, los motivo a preguntarse si somos realmente solidarios, justos, empáticos, responsables, sinceros y éticos, haciéndonos un autoexamen que permita guiar nuestro actuar hacia una convivencia armónica y una vida digna y justa.
@Rector_Unisimon








