Desconocer la existencia del centro político es uno de los errores más peligrosos que hoy cometen los extremos. Lo atacan, lo descalifican y lo culpan de sus fracasos, sin entender que al hacerlo le están haciendo un profundo daño a la democracia.

El destino de un país no puede quedar en manos de radicalismos. Se construye desde la sensatez, la preparación y la reflexión. Sin embargo, en Colombia se ha vuelto costumbre estigmatizar al centro, tildándolo de “tibio” para invisibilizarlo. Esa narrativa no solo es equivocada, es irresponsable.

Los extremos viven de la confrontación. Alimentan discursos que dividen, exacerban emociones y empujan a la sociedad hacia conflictos innecesarios. La historia mundial ha demostrado que las posiciones radicales generan más destrucción que soluciones. Multiplican los frentes de conflicto y debilitan la cohesión social.

Colombia, con su compleja geografía y diversidad social, no está preparada para una nueva guerra interna. Ya vivimos décadas de violencia que dejaron miles de víctimas inocentes. Familias enteras fueron marcadas por tragedias sin sentido. Repetir ese camino sería un fracaso colectivo imperdonable.

Hoy, además, los conflictos han cambiado. No se trata de guerras tradicionales. Las amenazas son más complejas: narcotráfico, corrupción, crimen organizado. Problemas que no se resuelven con discursos incendiarios ni con visiones simplistas.

La salida está en el centro político. En una visión que privilegie el equilibrio, el respeto institucional y, sobre todo, la aplicación estricta de la Constitución de 1991. Allí están consagrados los derechos fundamentales que garantizan la dignidad humana, la vida, la igualdad y la libertad.

No se trata de prometer derechos en campaña, sino de cumplirlos. La Constitución no es un discurso electoral: es una hoja de ruta. Y su verdadera fortaleza está en su aplicación integral, no en la utilización fragmentada de sus principios según la conveniencia política.

Los ciudadanos tienen un papel clave: informarse, leer la Constitución y exigir su cumplimiento. Solo así podremos salir del estancamiento y evitar que Colombia siga atrapada en conflictos estériles.

El centro político no es debilidad. Es responsabilidad. Es la única vía para construir un país en paz, con instituciones fuertes y una democracia que no se destruya a sí misma.

@billyhernandez2020