Dicen que el amor puede llevar a una persona a un estado de ceguera emocional. Pero esa ceguera no es colectiva: quienes rodean la situación, los vecinos, los ciudadanos, sí ven. También se dice que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y esa parece ser la actitud del jefe de gobierno colombiano, Gustavo Petro, frente a lo que ocurre en una de las empresas más importantes del país.
Las cifras hablan por sí solas. Los estados financieros y las utilidades de Ecopetrol no requieren mayores interpretaciones para evidenciar el descenso en sus resultados. Una cosa es la caída de las utilidades en un contexto internacional complejo, y otra muy distinta son los escándalos de corrupción que rodean a la compañía y a su dirección.
El pago de una millonaria suma en dólares a una firma para mejorar la reputación de la empresa no hace más que aumentar las dudas. Intentar maquillar la imagen en lugar de resolver los problemas de fondo es, cuando menos, cuestionable. La transparencia no se compra; se construye con hechos.
Ricardo Roa, presidente de Ecopetrol, enfrenta graves cuestionamientos. Entre ellos, la imputación de cargos por presunto tráfico de influencias en la compra de un pent-house a bajo precio, así como señalamientos por direccionamiento de contratos en Hocol. A esto se suma la investigación por su posible participación en la violación de topes de la campaña presidencial de Gustavo Petro. Pese a ello, el Gobierno nacional y la junta directiva de la compañía parecen mirar hacia otro lado.
En cualquier escenario institucional serio, un funcionario en estas condiciones debería apartarse del cargo mientras se adelantan las investigaciones. No se trata de prejuzgar, sino de proteger la institucionalidad y la confianza pública. Mantenerse en el puesto en medio de estos señalamientos debilita la credibilidad de la empresa y del propio Gobierno.
Otro de los aspectos que genera inquietud es el presunto nivel de influencia de su pareja sentimental, Carlos Julián Caicedo Cano, en la toma de decisiones. Más allá del ámbito personal, cuando lo privado se mezcla con lo público en escenarios de poder, las alertas deben encenderse. Las decisiones empresariales no pueden estar condicionadas por relaciones personales.
Tal vez el amor sea ciego, y quizás Ricardo Roa lo esté. Pero el país no lo está. Los ciudadanos observan, analizan y cuestionan. La gestión de una empresa como Ecopetrol, que es patrimonio de todos los colombianos, no puede estar rodeada de dudas, silencios ni omisiones.
Lo cierto es que, aunque algunos quieran no ver, la realidad está a la vista. Y en temas de interés público, cerrar los ojos no es una opción. Porque cuando el poder se rodea de sombras, la confianza se pierde, y recuperarla es mucho más difícil que reconocer los errores a tiempo.
@oscarborjasant








