Es que probado está que, cuando los jugadores muestran su nivel en la cancha, Junior es un equipo superlativo. Eso de dar tumbos ganando, empatando y perdiendo sucesivamente sin una muestra de grandeza es oprobioso.
La historia está llena de casos de entrenadores que han salido de los equipos, más por sus declaraciones, ante una o varias derrotas sucesivas, que por los partidos en sí.
Hay triunfos que pesan un Potosí como suele decir Ricardo Ordoñez. Ciertamente se ganan los mismos tres puntos pero impactan tanto que parecieran seis.
Con seguridad habrá quienes no se han dado cuenta que Junior ya no está en el ‘grupo de los ocho’ y que hoy es noveno. Tampoco sabrán que el partido de hoy ante Bucaramanga, único equipo invicto de la Liga I y equipo que sólo ha recibido seis goles en 11 partidos, puede determinar el futuro laboral del DT Alfredo Arias.
Junior ha vuelto a ser el equipo que corre y corre, tapa y tapa, quita y quita pero se le olvidó, otra vez, jugar al fútbol como cuando lo hizo al final de la campaña 2025-1 para ganar la 11ª estrella.
El grave problema del Junior es su circuito defensivo.
Cuando estamos llegando a la mitad del calendario Todos contra Todos, Internacional de Bogotá y el Deportivo Pasto, dos chicos, lideran la tabla de posiciones y Bucaramanga cierra el pelotón de los ocho.
Entre Cumbias, Congos, Garabatos y Toritos se pasean los colores rojiblancos. En los tocados, en los penachos, en las gorras, sombreros y camisetas. De la mano siempre van danzando las dos manifestaciones que son símbolos de nuestra razón de ser y existir.
El Romelio Martínez es mágico, siempre fue así. Esta vez, en la goleada del Junior 3x0 a Chicó fue igual. La camiseta rojiblanca, el juego, los goles, la fiesta de la hinchada. Nada faltó.
Que lo tenga presente Celis, siempre que los aficionados se acuerden de Didier, es porque él, no está haciendo las cosas bien…