Ser humano es ser libre. Y ser libre es tener que elegir el camino para construir el propio destino y contribuir al de la comunidad. Muchas veces no somos conscientes del poder de las decisiones. No alcanzamos a darnos cuenta de que creamos nuevos universos con un simple sí o un no.
Participar en una contienda democrática no solo es una celebración de la libertad, sino que exige mucha responsabilidad. No se elige desde las emociones, que siempre son cambiantes; se elige desde los valores, que son los que permanecen. Mucho menos votamos por alguien pensando solo en el bienestar inmediato, sino considerando la totalidad de la experiencia. Quienes cayeron en el inmediatismo terminaron, al día siguiente, sufriendo y padeciendo sus consecuencias.
Vivimos épocas en las que este sistema de gobierno llamado democracia necesita entenderse plenamente. Los liderazgos mesiánicos que surgen en el mundo amenazan las lógicas de la democracia y nos hacen creer que esta se circunscribe únicamente a las elecciones. Nada más simplista. Claro que la democracia se basa en la posibilidad de participar en la elección, pero hay otras características que no se pueden olvidar. Ser demócrata es entender que no hay monarquías y que las decisiones de los líderes siempre deben tener el control del pueblo a través de los órganos correspondientes.
Esto me hace reflexionar en torno a la responsabilidad que genera la libertad. Elegimos, pero luego tenemos que asumir las consecuencias de ese acto libre y consciente. Nadie nos va a reemplazar en esa realidad. Esto implica tener claro qué y por qué elegimos a este y no a aquel. Lo cual exige no solo un proceso de discernimiento sesudo, objetivo e informado, sino también la capacidad de gestionar las emociones para que los discursos fanáticos no nos lleven por delante al abismo.
No creo que todos los políticos sean iguales ni creo que todos sean corruptos. Estoy seguro de que siempre hay personas alineadas con nuestra manera de ver, entender y juzgar la realidad; es decir, en coherencia con nuestros valores. Tampoco creo que ser de tal o cual ideología, a priori, haga que una persona sea ética o no. Hay que analizar a cada persona de manera independiente y no caer en el pensamiento de la secta, que termina excluyendo y, por lo mismo, destruyendo la posibilidad de comunión.
Hoy saldré a votar en libertad y con responsabilidad. Es un acto privado y público. Privado, porque no tengo que informar a otro cuál es mi elección; y público, porque sé que mi decisión tendrá algún efecto sobre los demás. Votar no es solo elegir a alguien: es elegir el país que queremos ser.
@Plinero








