La generalizada y aterradora versión era que Petro, para atornillarse en el poder, se inventara cualquier rebuscado de los vericuetos santistas, y evadiera las próximas elecciones presidenciales mediante emergencias, plebiscitos, congresos barriales y hasta constituyentes o vainas de cualquier orden similar.
Qué horror sólo imaginar que continuaríamos sufriendo para defender los fondos pensionales; que seguirían retrasando en forma indefinida (como ocurre en Córdoba) los apoyos nacionales para ayudar a los damnificados por inundaciones y deslizamientos porque los petristas se robaron los billetes de la UNGRD; que sigan acabando con entidades que funcionaban bien, por la manía de intervenir por sólo intervenir creyendo que es sinónimo de robar y destruir todo lo que se les ocurra; que acaben con la gallina de los huevos de oro que para el país significa Ecopetrol; en fin, que continúen durante cuatro años más todos los desastres que hemos soportado por este ideologizado, torpe e ignorante gobierno.
La preocupación era válida, habida cuenta de todos los mensajes y señales que permanentemente provenían tanto de Petro como de sus cómplices, y la displicencia que manejaba el petrismo ante el aguacero de precandidatos presidenciales, claro, los miraban como lo que son: un grupo de despistados que reforzaría la idea de Petro atornillado en la presidencia.
La cosa parecía irreversible hasta que papá Donald tomó cartas en el asunto, y lo llamó al orden. Era un llamado que tocaba atender, más con el antecedente del bravucón Maduro, hoy mansa paloma en inhóspita jaula. Le dieron, claro, visos de visita de estado, aunque lo recibieron por la puerta de atrás. Las cuentas fueron claras, y la orden aún más: No seguir jugando con la democracia.
O sea, gracias a Trump nos salvamos de las trampas, y habrá elecciones presidenciales. Aunque el inefable Roy se haya inventado la fórmula de inscribirlo como vicepresidente para que siguiera al mando, Petro no le va a jalar a tan evidente vericueto, no sólo porque Roy es un tramposo que nunca le cumpliría, sino porque sabe bien lo impredecible de la reacción de Trump, y podría terminar también encanado.
Petro, hoy, aunque aún nos pueda hacer mucho daño, ya es historia. Así que a programarse para elegir nuevo presidente, o sea el futuro del país.
No hay que darle vueltas, ni votar por consultas, y menos por el guerrillo Cepeda. El mensaje del tigre expresa lo que la gente quiere oir: lo que la patria necesita. Abelardo De la Espriella es el futuro.
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