Inicio una serie de columnas llamada – deconstruyendo conceptos – porque es preciso reconciliarnos con las narrativas y re-educarnos respecto a muchos términos que cargamos de prejuicios para usarlos a favor del patriarcado, el racismo, la homofobia o cualquier carga discriminatoria. Acá les va la primera que es sobre – el chisme – abordado desde una postura del – chisme ético – alejado del Bochinche conflictivo y dañino.
Comencemos: ¿Y si les dijera que un buen chisme podría hacerles bien, solo que lo negamos porque el concepto ha sido “satanizado” y adjudicado a conductas feminizadas y relacionadas con labilidad emocional?
Pue les cuento que unos científicos descubrieron que hablar sobre otros en un ambiente de confianza libera oxitocina —la hormona de la felicidad—, lo que ayuda a reducir el estrés y mejorar la salud emocional. Un chisme sano, sin malicia, puede ser la mejor terapia de la semana. Asimismo, un reciente estudio de la Universidad de Stanford sorprendió al demostrar que hablar sobre otras personas —una práctica comúnmente asociada con el “chisme”— puede tener efectos positivos en las relaciones humanas y en la inteligencia social, siempre que se realice de forma ética y sin difamación.
Según los investigadores, compartir información sobre terceros fortalece los vínculos sociales, fomenta la cooperación y desarrolla la empatía, ya que ayuda a comprender mejor las dinámicas humanas.
El estudio describe el chisme ético como una especie de entrenamiento social que mejora la sensibilidad emocional, la lectura del comportamiento ajeno y la toma de decisiones interpersonales más acertadas. Además, los expertos señalaron que esta práctica también regula el comportamiento colectivo, pues las personas tienden a actuar con mayor responsabilidad cuando son conscientes de que su reputación podría ser tema de conversación.
De esta manera, lejos de ser solo una costumbre negativa, el chisme, manejado con ética, puede convertirse en una herramienta que fortalece la convivencia y promueve comunidades más sanas y conscientes.
Trascendiendo del chisme bochinche al chisme ético
Desde la lógica de pasar gran parte de nuestra vida charlando, es casi seguro que se dé el chisme. Es decir, es un fenómeno omnipresente en la interacción humana, que impregna las situaciones diarias y actualmente, también en las plataformas digitales.
El chisme ético es el uso consciente y responsable de la información compartida sobre otros para fortalecer vínculos, aumentar la empatía y la inteligencia social sin difamar, diferenciándose del rumor malicioso. De esta manera, el chisme ético funciona como una herramienta de cohesión grupal que fomenta la cooperación, mejora la lectura de emociones y ayuda a regular comportamientos dentro de una comunidad, siempre que se base en la verdad y el respeto.
Aspectos clave del chisme ético: (tomado de la investigación de la Universidad de Stanford)
- Función Social: Ayuda a conectar y forjar lazos entre personas.
- Empatía y Consciencia: Aumenta las habilidades sociales y permite gestionar emociones y relaciones difíciles de forma empática.
- Límites y Respeto: Se maneja conscientemente, evitando difamaciones y entendiendo que la reputación de otros es importante.
- Resistencia a la Opresión: Puede ser utilizado como un recurso para denunciar acciones de opresores de manera privada.
Diferencias con el chisme tradicional:
Mientras el chisme tradicional busca a menudo desacreditar o dañar, el chisme ético se centra en el aprendizaje social. Es importante no confundirlo el hábito tóxico que busca crear conflictos entre personas. En conclusión, considero que aprender a “chismear” éticamente implica reconocer el poder de la información y utilizarla para construir comunidad en lugar de destruirla. De este modo, la epistemología del chisme, según criterio absolutamente propio (me hago responsable) es definirlo como una herramienta arraigada desde tiempos remotos, que merece reivindicarse como herramienta de cohesión social, aunque su ambivalencia a nivel moral revele también su capacidad para perpetuar estereotipos, sería muy interesante activarlo como una forma de relacionamientos humanos empáticos, éticos y dinámicos.
@FACOSTAC







