En estos días leí una frase en un perfil de Instagram (@lawofambition) que me llamó la atención y que textualmente decía: “no te quejes de los resultados que no obtuviste por el esfuerzo que no hiciste”. Esta frase, nos invita a recordar que todo logro es consecuencia directa de la constancia, la disciplina y el compromiso, pero también nos recuerda que las excusas hacen parte de nuestro lenguaje cotidiano y que surgen casi de manera automática cuando algo no sale como realmente lo esperamos.

Excusas como “me quedé sin internet”, “está lloviendo por acá”, “estoy enredado”, “es que no tuve tiempo”, “el tráfico está pesado” y hasta “el chat GPT se equivocó”, entre muchas otras, son muy comunes y hacen parte de las múltiples maneras que utilizamos para aliviar momentáneamente la incomodidad por no haber cumplido con un objetivo. Pero el problema no es que estas situaciones ocurran, porque realmente se pueden presentar, el verdadero problema aparece cuando las convertimos en una explicación permanente para no avanzar.

Quejarnos puede ofrecernos un respiro temporal, pero no nos genera avances, en cambio, nuestro esfuerzo silencioso, nos genera progreso. Cuando evitamos asumir nuestra cuota de responsabilidad, perdemos la oportunidad de aprender y de mejorar. Culpar a otras personas o a la mala suerte, puede resultar reconfortante, pero cedemos el control de nuestros resultados y reforzamos la idea de que no hay nada que podamos cambiar.

Las excusas no sólo nos frenan nuestro crecimiento personal, alimentan aún más nuestro conformismo y nos convencen de que hicimos lo suficiente, incluso cuando sabemos que podríamos haber hecho mucho más. Así, nuestros sueños y metas se van diluyendo lentamente, justificados por una cadena interminable de razones externas.

Dejar las excusas no implica abandonar la realidad ni ser insensible con uno mismo, implica honestidad y significa aceptar que sí somos responsables de nuestras decisiones y de cómo respondemos ante los obstáculos.

Dejar de excusarnos no es un acto de dureza sino de valentía. Es elegir el crecimiento por encima de la comodidad y asumir que el cambio comienza cuando dejamos de explicar por qué no pudimos y, cuando empezamos a preguntarnos qué cosas podemos hacer diferentes y a cuánto estamos dispuestos a entregar para alinear nuestras expectativas con nuestras acciones. Al final, los resultados reflejan el nivel de esfuerzo que decidimos invertir. Cuando queremos de verdad hacer algo, lo hacemos, como sea, sin tanta excusa y sin tanta justificación, pero desafortunadamente, existen personas que tienen una excusa para absolutamente todo.

@henrydelae