En un documento, mi jefe escribió “motu propio” cuando lo correcto es “motu proprio”. En principio, no me creyó. AMB, B/quilla

El empleo en español de latinajos o de otros extranjerismos no exime de pronunciarlos y escribirlos tal como se pronuncian y se escriben en sus respectivos idiomas. Motu proprio, que significa ‘por voluntad propia’ o ‘con movimiento propio’, se usa para asegurar que alguien ejecutó o ejecutará algo por decisión soberana: “El ganador donó motu proprio el dinero del premio”.

Este es uno de los latinajos que con más frecuencia se pronuncia y se escribe mal, y a ello contribuye que ‘propio’ es palabra conocida y proprio es palabra extraña. Motu proprio se usa siempre sin preposiciones antecedentes, como ‘a, de, por…’. Son abundantes los ejemplos de locuciones latinas usadas en nuestro idioma que muchas veces se pronuncian mal o, lo que es peor, que muchas veces se escriben mal.

Así, grosso modo, o ‘aproximadamente’, nunca se escribe a grosso modo. Por su parte, statu quo, o ‘estado actual de cosas’, no tiene plural, por eso no es status quo. Lo mismo pasa con modus operandi, o ‘forma de operar o de hacer las cosas’, que jamás es modus operandis.

Y en el caso del reconocimiento al mérito de un estudiante aplicado no puede decirse que recibió un diploma cum laudem, sino uno cum laude.

La voz ‘aval’ se usa para darles franquicia a los candidatos a una corporación [o a un cargo de elección popular], pero, ¿qué relación tiene esta palabra cuando se utiliza para el Grupo Aval, correspondiente a los bancos que lo conforman? David de Dios García Barceló, B/quilla

Como ejemplo de que el habla constantemente moldea la lengua, el término ‘Aval’, como referencia al conglomerado empresarial, ha pasado de ser la abreviatura o sigla de Grupo Acciones y Valores S. A. (Aval) a tener significados implícitos, como ‘seguridad y confianza’, términos al alcance del vocablo ‘aval’ no solo como garantía del buen comportamiento personal y financiero de un individuo, sino también como sinónimo de las buenas prácticas del conglomerado.

En español, ‘aval’ viene del francés aval, abreviatura de la frase medieval à valoir ‘a validar’. Esa validación, inicialmente, era la firma estampada por un garante al final de un documento, lo cual bastaba para asegurar su cumplimiento.

Después, el aval pasó a ser un escrito con el que una entidad o un partido político acreditan la conducta modelo de determinado candidato, y en varias ocasiones ha llegado a equivaler a un permiso para la libre circulación o para la permanencia en un lugar.

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