El panorama es desalentador. Y peligroso. Según las últimas informaciones y estadísticas mostradas por organismos serios en todo el país, la falta de cárceles, de sitios de retención de delincuentes para permanencia permanente o temporal es crítica y denota una total indiferencia en el gobierno nacional sobre esta necesidad palpable y urgente por la ola de delincuencia que nos azota y reconociéndose, la estupenda labor de la policía y organismos de la Fiscalía en la búsqueda, localización y captura de delincuentes.
Lo que sucede es que son tantos los casos, tan abundantes y continuos que no alcanzamos a percibir el grave peligro que el país afronta en este sentido.
Para el caso de Barranquilla estamos cansados, como igualmente en otros temas, de escuchar a los Ministros de Justicia que llegan a ese despacho prometiendo la construcción de las famosas “Super prisiones”. O sea, enormes, capaces, modernas y muy seguras localizaciones de confinamiento para evitar el congestionamiento que es la principal motivación para jamás salir del mundo criminal.
En segundo término dichas promesas desde hace mucho tiempo situaron a Barranquilla como la ciudad de las más altas necesidades en este sentido. Y el panorama es tétrico.
No hay más espacio sino hacinamiento fatal en las construcciones carcelarias de la ciudad, y las llamadas “carceletas” que son lugares dizque temporales para los detenidos de delitos presuntamente menores, son un auténtico espacio de hacinamiento donde duermen prácticamente unos sobre otros, respirar tranquilo es desconocido y las necesidades fisiológicas son prácticamente en el mismo lugar donde pretenden descansar. ¿Dónde están las promesas de nuevos centros especializados urgentes?
Al mismo tiempo se escuchó decir por altos funcionarios en alguna reciente intervención que la justicia a través de sus Cortes y Tribunales, de los jueces de turno en la rama penal, actúan muy rápido otorgando libertad casi inmediata a presuntos delincuentes que habitan estas “carceletas”, probando que la rotación de personas es muy rápida.
Una indirecta perniciosa de que la justicia es tan liviana en sus decisiones que los capturados retenidos muy pronto recuperan la libertad. ¿Cierto? ¿Acusación temeraria? No sabemos, no estamos en la intimidad de estos procesos.
Nos limitamos a la información pública pero de lo que sí estamos seguros es que desde hace muchos años venimos escuchando estas promesas de megacárceles y mientras el delito pudre cada día más al país, menos resuelve el gobierno nacional su deber de atender a esta problemática social y de justicia que se hace imperativa, altamente necesaria, vital.