Es una palabra que suena mal desde su definición en cualquier diccionario al referirse a “falta de determinados productos en un establecimiento comercial o en una población”. Y suena más terrible si se extrapola a nuestro sistema de salud y se tienen en cuenta los diversos “productos” a los que se puede hacer referencia en un ordenamiento médico.
Mi consulta médica se divide en dos fases. La primera es la queja de los pacientes porque vienen de muy mal humor a decir que el medicamento, la orden de un examen, la remisión a otro especialista, o la receta anterior, no se hicieron efectivas según las innumerables excusas que les dan en su EPS y que convierten la consulta en una lucha verbal entre la necesidad del consultante de exponer la queja y la necesidad del médico por saber el estado actual del paciente y prescribir según su condición.
La segunda fase es la preocupación del paciente por el nuevo ordenamiento y la zozobra de no saber si le van a dar una respuesta afirmativa a lo que solicitan o si, nuevamente, le dan alguna excusa para no entregarle lo ordenado. Esto tiene dos finales: el paciente se va preocupado y molesto con el médico o regresa al poco tiempo diciendo que se comunicó con su EPS y le dijeron que le exigiera al médico que le cambie la medicación o la orden que dio.
He escuchado cualquier cantidad de disculpas que les dan a los pacientes en cada EPS para no responder con sus obligaciones, pero la última que me tocó es lo máximo: dígale al doctor que cambie el diagnóstico para poderle entregar ese medicamento. Preocupado ante semejante argumento, pregunté al paciente si había sido un médico quien le dio esa respuesta y me responde que fue una secretaria.
Esto ya es “la tapa de la olla”, el “apaga y vámonos”. Nuestro sistema de salud ha llegado a un extremo en el cual una persona que no tiene la más mínima idea de lo que es la medicina y mucho menos de las circunstancias de los pacientes, se inventa una excusa de ese tamaño, que es una falta de respeto por donde se la mire, pero traduce el poder y nivel de atrevimiento que han adquirido las EPS para decidir el destino de los pacientes y cuestionar el funcionamiento médico.
Mientras estos absurdos ocurren, los pacientes que esperan su turno para ser atendidos se molestan, y con toda razón, porque las consultas se alargan en estas discusiones que no tienen nada que ver con la cosa médica sino con la incapacidad de la EPS para cumplir con las obligaciones para con los pacientes y los médicos, quienes terminamos con la culpa de todo lo que sucede en nuestro sistema de salud.
Menos mal tenemos el mejor del mundo.