Su vida estuvo marcada por la oración constante y la firme esperanza en la gracia de Dios.
Lo de los tres días seguidos en un fin de semana surge desde 1983 con la llamada Ley Emiliani.
El entrenador fue expulsado en ese momento por incumplir las reglas del juego.
Generó polémica por sus críticas a otras iglesias y a la presencia de la mujer en estas.
Tenía claro que la plenitud no se encuentra en el cumplimiento de normas, sino en la gratuidad de un amor que nos acoge y nos impulsa a ser más bondadosos con todos. Por eso solo invita a vivir desde el amor, desde la gracia, desde la aceptación de la vulnerabilidad que somos, y a buscar ser como Dios: todo generosidad y entrega (Mateo 5,48).