El perdón es fuente de felicidad. Tenemos que aprender a pedirlo y a darlo, pero siempre desde la razonabilidad que la vida nos exige en todas las interacciones. El perdón siempre es una expresión del Amor a los otros y del amor propio. Perdonar es el mejor regalo que nos podemos hacer a nosotros mismos.
Estoy seguro que quien se ama a sí mismo y sabe amar a los otros, podrá construir una relación de pareja sólida y feliz, de la que se habla bien y en la que se celebra la vida todos los días.
Con el paso de los años vi reflejos que brillaron, otros que insinuaron y unos que partieron. Esa mañana vi un reflejo extraño y no fui ajeno, mientras todo transcurría vi un reflejo encapsulado, repetido, capturado con secuencias desgastadas del pasado, queriendo ser tan fresco y avivado como un reflejo nuevo, o uno grato.
Ser tía chévere implica apoyar el proceso de formación de los padres, pero desde una galaxia afectiva pacificada y con libertad a las locuras que alimentan el espíritu, no nos creemos las madres, tenemos claro nuestro rol y nuestra presencia, somos felices compartiendo el crecimiento de esa nueva generación que se atreve más que nosotras, que tienen menos sometimiento a prejuicios, que están decididos a conquistar el mundo.
¿En qué nos enfocamos al hacer lo que hacemos? ¿Con qué objetivo estudiamos y trabajamos? ¿Es el dinero esa meta que todos tenemos en común? Advirtiendo que de 7.8 billones de personas en el mundo, más de 700 millones viven en condición de pobreza extrema, puedo afirmar que hacemos parte de una aldea global en la que la prosperidad compartida no es más que una triste y lejana utopía.