Estoy seguro que quien se ama a sí mismo y sabe amar a los otros, podrá construir una relación de pareja sólida y feliz, de la que se habla bien y en la que se celebra la vida todos los días.
Con el paso de los años vi reflejos que brillaron, otros que insinuaron y unos que partieron. Esa mañana vi un reflejo extraño y no fui ajeno, mientras todo transcurría vi un reflejo encapsulado, repetido, capturado con secuencias desgastadas del pasado, queriendo ser tan fresco y avivado como un reflejo nuevo, o uno grato.
Ser tía chévere implica apoyar el proceso de formación de los padres, pero desde una galaxia afectiva pacificada y con libertad a las locuras que alimentan el espíritu, no nos creemos las madres, tenemos claro nuestro rol y nuestra presencia, somos felices compartiendo el crecimiento de esa nueva generación que se atreve más que nosotras, que tienen menos sometimiento a prejuicios, que están decididos a conquistar el mundo.
Se refiere al “exceso de positividad” que nos obliga a buscar de manera permanente nuestra propia aprobación y la de las personas de nuestro entorno, que nos somete a la fragilidad de experimentar sentimientos negativos. En su obra, el surcoreano describe la negatividad como la posibilidad de oponerse, de manifestar si algo no es de nuestro agrado, es decir, la opción de decir que no.
Por momentos nos habló la ciencia, la práctica y la historia, alguien recordó con valiosos argumentos que para ser “derechos” había que recordar las tres reglas del derecho de Ulpiano, prolífico jurista del imperio romano: “Vivir honestamente, no dañar a nadie y dar a cada uno lo suyo.”