La salida de Farías de la cancha y el rechazo de la gente fue la suma de cuatro eliminaciones. En Liga y Copa el torneo anterior, en Liga y Sudamericana en este. Consecuentemente, con las eliminaciones, la pérdida económica cuantiosa en taquillas y participaciones en torneos de Conmebol.
Del oasis de buen planteamiento y buen desarrollo del juego que se vio para vencer 3-2 a Nacional en Medellín, se volvió al fútbol peleado más que jugado, centralizado más que por las bandas, individualizado más que asociativo.
En el fútbol nuestro hay campeones que van pasando raspando el calendario Todos x Todos y la semifinal, pero ganan la final en partidos épicos. Junior nos ha dado unas finales, de comer uñas y herniarnos, que han terminado en estrellas para el glorioso escudo rojiblanco.
He notado la tendencia en Farías de revolver el agua cuando está tranquila. Desde que dijo con cara feliz que “hemos trabajado duro, exigente. Por primera vez hubo hasta puños, puño normal entre hombres”. O cuando retó a José Hugo Illera justo cuando el equipo había ganado cinco partidos consecutivos y navegaba en aguas mansas.
Cuando, por fin, James pudo haber entrado en razón para jugar con ganas y sin excusas, en el Rayo se encontró con Iñigo Pérez, un entrenador de 36 años, que lo rechazó desde su llegada.