Los agentes, expertos en finanzas, tenían como misión seguirle el rastro a las rentas ilícitas de los carteles que se infiltraban en Estados Unidos.
El ex capo aclaró que junto a Pablo Escobar entregó donaciones al político en una reunión en un hotel de Medellín.
'Sin el permiso y sin la venia de Fidel Castro mismo, yo no hubiera podido ingresar allá', aseguró el excapo.
Pese a cada nuevo zarpazo de la ilegalidad, a las predecibles condenas cargadas de comprensible indignación que se suceden como consecuencia de la barbárica violencia desatada por el narcotráfico, la única certeza que al final nos queda a los ciudadanos tras décadas de guerra prohibicionista contra las drogas, tan fallida como inconclusa, es que Colombia ha puesto los muertos, pero también los asesinos. Es una doble tragedia que todavía está lejos de superarse.