En Colombia, sectores clave como la agricultura, la infraestructura, la salud y la energía ya experimentan de manera directa los efectos del cambio climático. Sequías prolongadas, inundaciones y olas de calor no solo afectan los cultivos y ponen en riesgo la seguridad alimentaria, también deterioran carreteras, presionan los sistemas de salud y reducen la productividad energética.
No se trata de salvar al planeta. Se trata de no destruir la base que hace posible el valor, el empleo, la inversión. Si tu empresa necesita clima estable, agua limpia y estaciones predecibles, tu rentabilidad depende de algo que estás degradando tú mismo. Eso es riesgo endógeno. Y seguir ignorándolo no es solo irresponsable. Es una mala decisión de negocio.
Gustavo Petro trató de “negacionistas” a sus contradictores sobre el cambio climático y la necesaria transición energética, una manera falaz de calificarnos a quienes no compartimos sus profundos errores sobre esos temas, tantos, que lo convierten, a él sí, en un auténtico negacionista.
Un grupo de expertos analizaron los escenarios de cambio climático que lanzó el Ideam. Los investigadores alertan por el aumento en la temperatura del departamento. Advierten que el sector salud y agrícola serían los más afectados.
El grupo de IGCC añade que la actividad humana ha generado el equivalente a unas 53 gigatoneladas de dióxido de carbono (CO2) emitidas a la atmósfera cada año durante el último decenio.