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La gaita tiene nombre de mujer. Es un sustantivo femenino. Y aunque históricamente ha sido interpretada por hombres, tiene una reina que se ha destacado en los más grandes escenarios. Nació en Cartagena, pero le pertenece al mundo: Mayté del Rosario Montero Laguna o simplemente Mayté.

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Y aunque hoy su nombre sea sinónimo de la chuana (como originalmente le llamaban los zenúes a este instrumento) la realidad es que este matrimonio musical no fue como esas historias románticas que suceden con un momento mágico. No. De hecho, no debió pasar.

“Yo no sabía que existía la gaita. Yo vi por primera vez una gaita en el colegio, cuando vi un grupo de folclor orquestado que incluía la gaita. Yo conecté con ella a segunda vista, porque la primera vez, yo no tenía ni idea, y además aquel profesor era mi hermano, que estaba aprendiendo a tocar, entonces no tenía la experiencia. Ni para tocar, ni para enseñar”.

Tanto así que su primer instinto no fue estudiar algo relacionado con música. Claro que no. Cartagenera, rebelde, apasionada, su destino parecía escrito en el comercio exterior, pero el llamado de lo sonoro fue más fuerte.

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Ese amor la llevó a desafiar las expectativas de su familia. Crecieron preocupados cuando la música comenzó a ocupar cada minuto de su vida. Llegaba tarde a casa después de ensayos y presentaciones, aceptando invitaciones a tocar sin esperar nada a cambio, más que la alegría de compartir su sonido.

“No es normal que una persona decida dedicarse a tocar gaita, es una cosa loca, pero yo solo veía la fascinación y el encanto que tenía por ese instrumento”.

Su pasión era tan grande que pasaba horas tocando, al punto de que la gente la invitaba a reuniones solo para que interpretara algunas canciones.

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Mayté estudiaba Administración de Comercio Exterior en la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Cartagena, pero una confrontación con su padre marcó un punto de inflexión. “Le dije que quería tocar la gaita, pero él no lo entendía. Sin embargo, emprendí mi camino, y una cosa llevó a la otra”.

De Cartagena al mundo

Su carrera despegó con grabaciones para Pedro Pablo Peña y el disco de Caoba, además de sus primeras presentaciones con el grupo Kalamari y Los Negritos de la Boca del Puente. Su gran oportunidad llegó cuando Totó La Momposina la invitó a girar con ella. “Para girar con Totó había que irse a Bogotá, ensayar y luego salir de gira. Pasé un mes en México, y fue fascinante. No sabía lo que era hacer una prueba de sonido, y ahí aprendí cómo se hace profesionalmente”, recuerda.

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Orlando AmadorLa gaitera cartagenera Mayté Montero es la homenajeada este año en la Noche de Tambó.

El impacto de esta experiencia la llevó a recorrer el mundo y a descubrir su verdadera vocación. “No sabía si podía vivir de la gaita, pero lo que sí sabía era que me encantaba. Fue tan fuerte que tuve que dejar mi casa porque mis padres no comprendían mi pasión. Me llamaban para grabaciones, para tocar en Ovejas, en San Jacinto, en todas partes, y yo tenía que ir. Fue un compromiso con mi instinto”, revela.

Su talento la llevó a trabajar con Joe Arroyo, quien la invitó a grabar la primera gaita que incluyó en su música: Homenaje a Estefanía Caicedo. Poco después, Carlos Vives la contactó y comenzó una colaboración que continúa hasta la actualidad. “Trabajar con ellos fue maravilloso. Nos encantamos mutuamente y desde entonces ha sido una aventura increíble”.

Además, participó en ‘Bloque de Búsqueda’, un proyecto musical innovador de fusión que la llevó a girar por Europa, Canadá y Estados Unidos. “Fue una experiencia enriquecedora, conocí muchas formas de hacer música y muchas propuestas nuevas”, afirmó Mayté.

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Una artista sin límites

A pesar de su éxito con Carlos Vives, Mayté siempre ha mantenido proyectos personales. Uno de ellos fue su disco Sin Control, en el que exploró sonidos más allá de la cumbia. “Incluí canciones mías y de otros compositores como Felipe Peláez y Martín Pereira, quise hacer algo diferente a lo que hacía con Carlos Vives”.

El álbum combinó bolero con otros ritmos y reflejó su deseo de experimentar. “La gente cree que los músicos que acompañamos a grandes artistas no tenemos proyectos propios, pero sí los tenemos. A veces, el gigante se come al pequeño, pero la felicidad está en cristalizar la música, en verla hecha realidad en un estudio”.

Entre sus otras exploraciones musicales, Mayté ha incursionado en la champeta, la música urbana y sonidos experimentales.

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“Algunos me decían que solo debía hacer cumbia, pero yo quiero hacer muchas cosas. Hice una canción de Martín Madera llamada África, en la que fusionamos la gaita con un film increíble. Me gusta innovar, pero siempre con coherencia”, destaca.

Un legado imborrable

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Hoy, Mayté Montero es un referente de la gaita y de la música colombiana. Su talento y perseverancia la han convertido en una de las artistas más respetadas del género. Su historia es la de una mujer que desafió las normas, siguió su instinto y encontró su camino en un instrumento que, aunque históricamente masculino, finalmente encontró en ella a su reina.

Orlando Amador/El Heraldo