La nueva comandante tiene bajo su responsabilidad a 822 jóvenes y un equipo de trabajo integrado por 79 oficiales, suboficiales, infantes de marina profesionales y personal civil. Además, es profesional en Ciencias Navales y Administración Marítima, especialista en Logística y magíster en Gerencia Estratégica. Asimismo, cuenta con capacitaciones en escenarios internacionales como el curso de Análisis de Inteligencia de Operaciones Transnacionales en el Western Hemisphere Institute for Security Cooperation en Georgia, el curso de Toma de Decisiones en la Escuela Naval de Posgrados en Monterrrey, y el Curso de Desarrollo Táctico Marítimo en Newport, Rhode Island. Un servicio con entrega 'Gracias a ello, a la orientación de mi padre, y a la oportunidad de ingreso del primer contingente de oficiales femeninas en el año 1997, a la edad de 15 años, Dios puso en mi corazón la vocación de servicio a la patria, permitiéndome iniciar mi carrera como oficial de la Armada Nacional en el año 2000'. La capitana de fragata es consciente de que su carrera demanda una entrega constante durante todas las épocas del año, en las que tiene que sacrificar tiempo con sus seres queridos y momentos especiales para continuar guiando ese barco lleno de vocación y servicio. Pese a los desafíos que enfrenta, Liliana no se visualiza desempeñando otro oficio. Su pasión produce que cada día disfrute al máximo lo que hace. El indeleble sello femenino Además de proteger el azul de la bandera, también es fiel promotora de la igualdad en todos los campos, en especial en aquel que vive de cerca y que comparte con otras colegas que también dejan en alto las capacidades de la mujer militar. Según cifras entregadas por Naciones Unidas, solo en la última década Colombia ha consolidado una de las generaciones de mujeres más educadas y capacitadas de la historia, siendo actualmente este género más del 54 % de quienes se gradúan de las universidades, es decir, más de la mitad de egresados gracias a su talento y capacidad. Y es que hasta 1979 se logró la primera incorporación de mujeres en el cuerpo administrativo de la Fuerza Aérea. Esta y la década siguiente fueron importantes para la mujer militar, ya que, además de lo mencionado, en 1983 el Ejército permitió la vinculación de suboficiales en sanidad, contabilidad, archivo y educación, y en 1984 ingresaron las primeras mujeres profesionales a la Armada Nacional, y ocho años más tarde esta última admitió el ingreso de mujeres como suboficiales. Para la Armada Nacional, las destrezas y disciplina de Ortiz Reyna la hicieron merecedora del cargo que hoy ejerce y con el que ha marcado un hito que fomenta la inspiración en otras mujeres del país y el mundo. Y así lo ha llevado a cabo Liliana desde su designación. Desde su nuevo cargo ha podido dirigir la formación naval, militar y física de los cadetes, para hacer de ellos oficiales navales íntegros que se consagren al servicio de la patria.