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Durante años, la sandalia fue vista como un calzado funcional, asociado al descanso, al clima cálido o a escenarios estrictamente informales. Sin embargo, en los últimos tiempos, su presencia en la ciudad ha dejado de ser excepcional. Hoy aparece en calles, aeropuertos, oficinas creativas y trayectos cotidianos, como una respuesta directa a una transformación más profunda: la manera en que caminamos, trabajamos y habitamos los espacios urbanos.

La comodidad, durante mucho tiempo relegada frente a la estética, se ha convertido en un valor central. No como una concesión, sino como una decisión consciente. La ropa —y el calzado— ya no se piensa únicamente para ocasiones específicas, sino para acompañar una vida que mezcla rutinas laborales, traslados largos, encuentros informales y momentos al aire libre, muchas veces en un mismo día.

En ese contexto, la sandalia dejó de ser un objeto estacional o doméstico para convertirse en una pieza híbrida. Su diseño se volvió más estructurado, más resistente, más adaptable. Ya no responde solo al ocio, sino también a la necesidad de movilidad constante en ciudades cada vez más exigentes con el cuerpo.

Este cambio también dialoga con una preocupación creciente por el origen de lo que vestimos. La trazabilidad de los materiales, los procesos de producción y el impacto ambiental dejaron de ser temas marginales para instalarse en la conversación cotidiana. Elegir qué ponerse implica, cada vez más, preguntarse cómo fue hecho.

En ese contexto nace Etna, la nueva sandalia de la marca VEJA que ha llegado al país. Inspirada en el volcán siciliano que le da nombre, Etna captura la fuerza y serenidad de la naturaleza. Su diseño expresa esta dualidad: una sandalia preparada para acompañar el ritmo urbano y, al mismo tiempo, responder a escenarios al aire libre. Funcional, moderna y consciente, Etna se integra con naturalidad al guardarropa cotidiano, reafirmando la visión de VEJA y el carácter curado de Malva.

Cortesía VEJA

Etna destaca por su suela gruesa, ligera y adherente, elaborada con 40% de caucho amazónico y 10% de caucho reciclado, una composición que asegura estabilidad y agarre en distintos tipos de superficie. Sobre ella descansa una plantilla verde de E.V.A. a base de caña de azúcar, un material flexible que combina 56% de base biológica con 17% de insumos reciclados, reforzando el compromiso de VEJA con materiales de origen responsable.

El diseño se completa con correas en cuero O.T. (Organic Traced), que aportan un acabado premium y garantizan trazabilidad total en la cadena de producción. Dos correas ajustables con velcro, marcadas con el logo de VEJA, junto a cuatro cruces bordadas, permiten un ajuste preciso y personalizado. Esta construcción convierte a Etna en una sandalia adaptable, pensada tanto para recorridos al aire libre como para el dinamismo de la vida urbana.

“Queremos que Etna emerja como una alternativa ligera, transpirable y versátil. Es una opción que ha demostrado ser eficaz tanto en entornos urbanos como en naturales, adaptándose a las necesidades de los espacios y de las ciudades”, resalta la marca.

La sandalia, históricamente asociada a lo informal o lo secundario, empieza a ocupar un lugar distinto: el de un calzado que no pide permiso para estar en la ciudad. Uno que entiende que caminar cómodo no es una renuncia estética, sino una forma de habitar el presente.