Colombia avanza con paso firme hacia un sistema educativo donde la tecnología, la inteligencia artificial (IA) y la alfabetización digital no son solo herramientas, sino motores para una educación más equitativa y centrada en las personas. Las principales entidades públicas del sector educativo coinciden en que la transformación digital del país debe priorizar el bienestar social, el pensamiento crítico y la innovación escolar con impacto en los territorios.
La directora del Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (ICFES), Elizabeth Blandón, subraya que el uso de datos en educación debe tener un sentido social y humano. “La información no debe usarse para dividir o para hacer rankings. Debe entenderse como una brújula que nos permita tomar decisiones más acertadas, basadas en datos reales y no en percepciones”, señala. Según explica, esta visión es fundamental para diseñar políticas públicas que reflejen con precisión las realidades educativas del país.
Desde el Ministerio de Educación Nacional, Jhorman Gutiérrez, representante ante la Organización de Estados Iberoamericanos, destaca que las verdaderas transformaciones tecnológicas no comienzan en los laboratorios, sino en los salones de clase. “Cuando un estudiante descubre la ciencia y la tecnología como herramientas para transformar su entorno, surgen ideas que purifican el agua, protegen especies y resuelven problemas reales de las comunidades”, afirma. Su planteamiento refuerza el papel de la innovación estudiantil como motor de progreso social.
Por su parte, Mauricio Verá, de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC), resalta la importancia de que la ciudadanía, y especialmente la niñez, fortalezca su pensamiento crítico frente a los contenidos que consume. Para él, la alfabetización mediática no puede verse como un simple componente académico, sino como una práctica social esencial para formar ciudadanos capaces de analizar y cuestionar lo que leen, ven y escuchan en las pantallas.
Estos planteamientos se dan en un contexto de avances significativos. Entre 2021 y 2025, el número de sedes educativas conectadas a internet aumentó un 177%, alcanzando una cobertura del 59,6%, un salto que reduce brechas históricas entre zonas urbanas y rurales. A esto se suma una mejora del 20% en la relación estudiantes/computador, lo que refleja el compromiso del Gobierno Nacional por fortalecer el acceso a dispositivos y a entornos de aprendizaje más modernos.
Además, Colombia ha consolidado un enfoque de alfabetización mediática e informacional que promueve el uso ético de los datos, la comprensión crítica de la inteligencia artificial y la formación de ciudadanía digital. Esta visión se ha convertido en un sello distintivo del país en América Latina, orientando la integración de la tecnología hacia una educación que prioriza el sentido humano por encima de la simple adopción tecnológica.
Con más conectividad, más dispositivos y una apuesta clara por la ética digital, Colombia traza un camino en el que la tecnología no sustituye al docente ni deshumaniza el aprendizaje: lo potencia. En las aulas del país, la innovación ya no es un concepto abstracto, sino una herramienta real para transformar vidas y territorios.


















