Un tema dolorosamente vigente marcó la inauguración del Festival Internacional de Cine de Berlín con No Good Men, una obra que aborda el patriarcado en la Kabul contemporánea desde la apariencia ligera de una comedia romántica que, conforme avanza, se transforma en un intenso melodrama.

La historia se sitúa en 2021, poco antes del regreso del régimen talibán al poder, cuando Estados Unidos decide poner fin a la guerra y retirarse del país. En ese contexto de inestabilidad política, la directora y guionista Shahrbanoo Sadat opta por alejarse del relato bélico tradicional para centrarse en los conflictos íntimos. La guerra permanece en segundo plano; el eje narrativo es la persistencia de estructuras patriarcales observadas a través de una historia de amor.

La acción transcurre en el interior de un canal de televisión inspirado en TOLO TV, la cadena privada de noticias de Afganistán que sufrió un atentado talibán en 2016, donde murieron siete personas. En ese entorno, la cultura machista continúa marcando jerarquías, y las reporteras y camarógrafas son relegadas a tareas específicas, asociadas a lo femenino y de menor relevancia.

Naru (interpretada por la propia Sadat) se ha mudado con sus padres junto a su hijo Liam (Liam Hussaini) mientras afronta la separación tras las infidelidades de su esposo. El temor a perder la custodia limita su capacidad de exigir el divorcio. Las conversaciones con sus amigas revelan tensiones y contradicciones dentro de una sociedad conservadora, especialmente en contraste con Anita (Torkan Omari), divorciada y recién llegada de Estados Unidos con una mentalidad más liberal.

La rutina de Naru cambia cuando el reportero estrella, Qodrat (Anwar Hashimi), necesita camarógrafo y solo ella está disponible. Aunque el primer encargo resulta accidentado, esa oportunidad la convierte en su colaboradora habitual y de allí surge un vínculo afectivo.

Las interpretaciones resultan convincentes y, pese a algunos giros melodramáticos que rozan el cliché, la película consigue retratar con honestidad el clima social del momento. Basada parcialmente en las memorias de Anwar Hashimi, amigo de la directora, la obra utiliza la imagen de las flores al inicio y al cierre como metáfora visual de una fragilidad que persiste bajo el orden patriarcal que condiciona cada decisión, especialmente la de las mujeres.

No Good Men es la tercera entrega de una pentalogía concebida por Sadat a partir de los recuerdos de Hashimi, que comenzó con Wolf and Sheep (2016) y continuó con The Orphanage (2019), consolidando un retrato de la sociedad afgana contemporánea.

@GiselaSavdie