Cada día que pasaba había más para estudiar y así entendimos que no podríamos parar, y que sin los profesores y los libros nunca hubiéramos logrado.
Hay días en los que avanzar significa simplemente no rendirnos, y eso —aunque parezca poco— es profundamente significativo, porque sostenernos cuando el cansancio pesa y esa también es una forma de crecimiento.
El novelista peruano, una de las prominentes figuras de la narrativa latinoamericana, parece abrazar el argumento de que la originalidad es un embeleco trasnochado, y que él, por el único pecado de no haber leído jamás el texto de Cesare Segre, estaba irrevocablemente condenado a repetirlo, mejorarlo y ser injustamente perseguido y calumniado.
El 2026 marca un punto de quiebre. Se perfila un escenario distinto, donde la gente parece inclinarse por una figura ajena a las viejas élites y a sus acuerdos repetidos, pero capaz de enfrentar sin vacilaciones los hábitos y vicios que han concentrado el poder en unos pocos. Es un año que podría abrir, por fin, el tiempo de los Nunca.