Cada aguacero anticipa una noticia triste. Uno sabe que mientras el agua cae, hay familias sacando lo poco que pueden, colegios cerrando y barrios incomunicados. No es dramatismo: es la realidad de un país con infraestructura frágil y prevención insuficiente.
Una votación cinco contra cuatro en una Sala que decide sobre libertad, penas y derechos fundamentales. ¿No debería una división tan cerrada significar duda? ¿Y no debería, ante la duda, privilegiarse la interpretación más favorable al procesado? La duda no se vence con aritmética: se resuelve a favor de la libertad.
Lo que preguntan por ahí
Resulta un insulto decirle a un hogar vulnerable que está siendo “protegido”, mientras se destruye la oferta de vivienda en las zonas donde sí existen empleo, transporte y servicios. El ahorro de una familia pobre es limitado y sagrado; no puede compensar con sacrificios adicionales lo que el mercado deja de ofrecer por culpa de regulaciones absurdas.