Pretenden desplazar al personal profesional y especializado e insertar de manera permanente los camaradas, improvisados, inexpertos, sin experiencia y de ninguna manera confiables que han ido introduciendo dentro de la institución.
El mensaje institucional era claro: el Perú entra en una nueva etapa de reorganización del poder. El Congreso gana protagonismo, el futuro Senado adquiere enorme influencia sobre los órganos de control, la Policía fortalece su capacidad operativa y la Fiscalía pierde margen de acción frente al poder político.
El voto colombiano de 2026 no es un acto de fe, es un acto de rechazo. Y eso, que suena a derrota cívica, merece una lectura más generosa.
El camino hacia una Colombia con una democracia fortalecida, con mayor respeto por sus instituciones y menos personas vulnerables al populismo, pasa necesariamente por la suma de voluntades para disminuir la desigualdad.