¿Para qué la Gran Consulta?
En medio de este ruido ensordecedor, la Gran Consulta emerge no solo como una opción viable, sino como una herramienta democrática indispensable para rescatar la política como el arte de lo colectivo.

En medio de este ruido ensordecedor, la Gran Consulta emerge no solo como una opción viable, sino como una herramienta democrática indispensable para rescatar la política como el arte de lo colectivo.
El incremento del salario mínimo, descomunal y sin precedentes, presionó con fuerza los márgenes de las empresas. Para muchas, esto significó prescindir de empleados, renegociar condiciones laborales y adelantar procesos de reingeniería financiera para enfrentar una situación que no estaba en los escenarios previstos.
El pueblo venezolano ya percibió el cambio de aire. La idea de la libertad quedó sembrada y confiamos no será fácilmente erradicada. Un régimen tutelado, desprovisto de legitimidad, difícilmente podrá reprimir indefinidamente sin provocar una nueva ola de protestas. A largo plazo, la perpetuación de una dictadura atenuada es más desestabilizadora que una democracia imperfecta.
El llamado es a la prudencia y a la responsabilidad colectiva. El país necesita proteger el ingreso de los trabajadores, sí, pero sin poner en riesgo el empleo formal ni encender de nuevo la inflación.
El acceso a la salud es el eje que condiciona la elección residencial. La combinación de atención primaria cercana, capacidad hospitalaria y servicios geriátricos marca la diferencia entre una oferta atractiva y una oferta irrelevante.
En otras palabras, Barranquilla sigue reajustando oferta y demanda, pero lo hace más lentamente, lo cual puede interpretarse como un paso hacia la normalidad tras los sacudones de la pandemia. Para atraer empresas y talento en este escenario, se intensifica la demanda por calidad.
Los constructores e inmobiliarias deben leer este ciclo con pragmatismo: las oportunidades se moverán hacia los portafolios anticíclicos — administración de arrendamientos, vivienda usada—, mientras los proyectos nuevos requerirán estructuras de financiación más creativas y alianzas público-privadas más sólidas.
La clave no está en usar IA por usarla, sino en entender para qué. De nada sirve incorporar tecnología si no existe un propósito, una metodología y un equipo preparado para aprovecharla.
A estas dinámicas económicas se suma un cambio silencioso, pero profundo: la transformación demográfica. El país envejece más rápido de lo previsto y los hogares se reducen en tamaño.
Más allá de los números, invertir en vivienda tiene un componente emocional y cultural difícil de reemplazar. Una casa no es solo una cifra en el balance; es el espacio donde se crían los hijos, se reúnen las familias y se proyecta el futuro.