Han sido casi 26 años de destrucción, pauperización y muerte, y conociendo la triste actitud de algunos gobernantes, incluyendo el nuestro, si esto sigue, nada raro será intentando reescribir la historia, que mañana aparezcan otros que como en el caso de Cuba, nos vendan que han sido 26 años de “lucha obrera contra el fascismo... (ejemplo que) marcó la historia contemporánea de América Latina”.
Tristemente nuestro Congreso ha preferido en el debate legislativo quedarse en un modelo prehistórico, que nada tiene que ver con este cambio poblacional, ni con las nuevas realidades tecnológicos, ni con el nuevo mercado laboral. Esto significa la urgencia de un modelo laboral más flexible y diverso.
Yo sí espero que en el año que viene, el gobierno deje tanta arrogancia, quejadera y victimización, como cuando le echa la culpa de todos los males al hundimiento de la ley de financiamiento (o reforma tributaria) como si esa reforma hubiese sido la única capaz de sacar adelante todo lo que no han hecho en dos años y medio.
Tengamos el coraje de construir entre todos, así pensemos distinto, un país con menos pobreza, inequidad y desempleo, más productividad y competitividad, más formalización y, sobre todo, una nación íntegra y en paz.
La apuesta más importante y urgente hoy y mañana, es meterle más empatía, “menos iniciativa y más acabativa” a respuestas sociales en estos frentes. Ser hoy, según el Banco Mundial, el tercer país más inequitativo del mundo, tiene que ser la prioridad de un verdadero cambio.
No se aguantan la ‘victimización’ de los líderes, ni el catastrofismo de algunos que se imaginan una nación que lleva 200 años de destrucción y muerte. Creen por el contrario en nuestra enorme dosis de resiliencia demostrada en nuestra capacidad para superar momentos difíciles, y que el camino a construir es para adelante y no para atrás.
Es indispensable poner como tema central la atracción de la inversión, y esfuerzos mancomunados en ciencia, tecnología y educación, que promuevan la innovación en Colombia, el fortalecimiento de capacidades exportadoras en PYMES y el apoyo a nuestro avance en emprendimiento tech.
Mi invitación es a que, sin olvidar los avances, hagamos un esfuerzo por identificar estrategias que nos permitan desde ahora o desde el 2026 (lo primero posible), crecer por encima del 6%. Esa es la única opción para sortear los desafíos fiscales, de inversión social, de empleo, de pobreza e inequidad que tenemos como país.
Hoy en Colombia, por ejemplo, no existe emprendedor o microempresario que no diga que esta “mamado” de tanta intervención de entidades que se han convertido en cuevas de burócratas y cadenas interminables de autorizaciones.
Mi análisis al final, es que esto responde a una mirada de la sociedad centrada casi que exclusivamente en los derechos. Según ellos hay derecho a todo: salud, educación, vivienda, etc, y da la sensación que ahora también la sociedad tiene “derecho” a que haya empresas y por ende empleos.