Es preciso aplicar controles domésticos y, al mismo tiempo, exigir de manera vehemente una regulación que no sea permisiva, con enfoque en una responsabilidad social compartida y que priorice la salud mental, sobre todo, la de nuestros niños y jóvenes.
Esta temporada de conexión religiosa y espiritual resulta, además, propicia para la meditación interior, para hacer una pausa introspectiva que nos permita revisarnos en el plano personal e íntimo, reencontrarnos con nosotros mismos y, por qué no, evaluar el impacto de nuestras acciones en el bienestar emocional y la propia salud mental, tan necesarios en tiempos de agitación permanente.
Vale la pena analizar hasta qué nivel debe llegar la dependencia emocional hacia los perros y en qué medida esto debilita el contacto personal con los seres humanos queridos e, incluso, el debilitamiento del interés hacia los congéneres.
No podemos esperar a que ocurran tragedias para activar nuestro sentido solidario; el apoyo desinteresado a los demás debe ser inherente a nuestros valores personales y forma de ser.
La tragedia humanitaria que se desprende de estos enfrentamientos suele ser devastadora ya que implica el aumento de la violencia, la pobreza, el hambre, y la destrucción de infraestructura vital.
Seamos partícipes de esta jornada democrática, enfrentando el abstencionismo que tradicionalmente ha caracterizado al país y dándole el verdadero valor al voto como mecanismo determinante y definitorio del rumbo de nuestra nación, ejerciendo este derecho de manera consciente y transparente y con el conocimiento y la confianza en quienes elegimos; no la desaprovechemos.
A pesar del avance, aún la deuda es importante. La humanidad debe lograr una plena equidad de género y un reconocimiento integral de los derechos de la mujer. Debemos seguir apoyando estos propósitos, sumándonos y comprometiéndonos con su lucha.
El Desfile de Joselito, en el barrio Abajo, donde se oirá de nuevo el grito de “¡ay, Jose!”, en el entierro de este personaje que representa el final de la fiesta y, al tiempo, marca el punto de partida de la venidera. Démosle alegre sepultura a Joselito Carnaval y un recochero pésame a sus viudas.
Qué bonito sería que, además de su alegría desbordante, Barranquilla vistiera casas, calles y vehículos por entero de Carnaval y que pudiéramos, no solamente ver los desfiles, asistir a sus fiestas y otros eventos, sino vivir una ciudad totalmente pincelada y colorida de Carnaval.
Barranquilla es reconocida como ciudad modelo e importante referente de gestión público-privada en el país. Para que este desarrollo continúe debemos mantener nuestro compromiso por la ciudad; si todos le aportamos y la cuidamos, más florecerá.