Junior ha vuelto a ser el equipo que corre y corre, tapa y tapa, quita y quita pero se le olvidó, otra vez, jugar al fútbol como cuando lo hizo al final de la campaña 2025-1 para ganar la 11ª estrella.
El grave problema del Junior es su circuito defensivo.
Cuando estamos llegando a la mitad del calendario Todos contra Todos, Internacional de Bogotá y el Deportivo Pasto, dos chicos, lideran la tabla de posiciones y Bucaramanga cierra el pelotón de los ocho.
Entre Cumbias, Congos, Garabatos y Toritos se pasean los colores rojiblancos. En los tocados, en los penachos, en las gorras, sombreros y camisetas. De la mano siempre van danzando las dos manifestaciones que son símbolos de nuestra razón de ser y existir.
El Romelio Martínez es mágico, siempre fue así. Esta vez, en la goleada del Junior 3x0 a Chicó fue igual. La camiseta rojiblanca, el juego, los goles, la fiesta de la hinchada. Nada faltó.
Que lo tenga presente Celis, siempre que los aficionados se acuerden de Didier, es porque él, no está haciendo las cosas bien…
La base del éxito de este Junior es la cohesión grupal dentro y fuera de la cancha. Más que el reclamar o protestar entre jugadores, fue el apoyar, ayudar, corregir y bravear en el juego fuerte cuando se presentó.
En el partido de Ida de la Superliga contra Santa Fe (1-1) comenté que el equipo que vimos, la alineación inicial y el banco, ya no es el equipo campeón. Somos campeones, pero la nómina ya no lo es en un 100%.
Es posible que haya sido yo el único que le apoyó, como a Grau en aquella época, o, para no presumir de nada, de los pocos que lo hizo.
Los equipos chicos aprobando, son mayoría, un plan para achicar también a los equipos grandes. No piensan en el fútbol profesional, piensan sólo en ellos con sus ideas enanas y mezquinas.