Era un sistema con sus fallas como todos los que operan de manera oficial, pero atendía el proceso de millones de colombianos necesitados de la atención de este derecho fundamental, ojo: fundamental, como está impreso en la Constitución.
El Congreso de la República podría tener alguna responsabilidad en crear una comisión que estudie la manera de prohibirle a la Presidencia esta clase de esperpentos. Porque a un Presidente hay que no solamente nombrarlo, escogerlo, ser al fin y al cabo el conductor de un país, sino limitarlo para que no devenga en extravagancias caprichosas con intenciones ocultas.
En Colombia democracia institucional amparada por una Constitución política como máxima expresión del mandato público, existe la autoridad y se aplica, pero desafortunadamente en este gobierno nacional infectado de corrupción y sobre todo de totalitarismo gubernamental creado por el ego supremo de un gobernante que se cree enviado de Dios, esta autoridad está aplicándose para premiar el delito.
Habrá por supuesto quienes no opinen lo mismo y nunca faltará el resentido que por el más mínimo detalle voltea el rostro para no ver caras ni realidades. No importa: Allí están los resultados y los hechos, la solidez presupuestal, en obras públicas, de salud, vías, colegios, infraestructura, en direccionamiento hacia objetivos altruistas donde el bienestar público domina la acción.
Lo trascendente hoy día es que miremos el aporte de ellas en el progreso de Colombia y en el papel que ya asumieron con éxito en el hogar, en las empresas públicas y privadas, en la política, en los negocios, en la cultura, en los deportes. Importantísimo esto porque además del aporte que tanto necesita la humanidad no solamente cumplen con éxito sus obligaciones sino que se zafaron de esa atarraya antigua de la sumisión y la obediencia.
Que este crecimiento no se debe a la meritoria labor del gobierno nacional y a todo su accionar económico y financiero que publican como fruto de sus gestiones. No: Absolutamente no a esta afirmación que es una mentira por la razón más que sencilla de que el gobierno nacional está quebrado, no produce dividendos positivos, el rendimiento monetario se fue para abajo.
En este momento menos porque sabemos de sobra que el gobierno nacional detesta a la costa caribe y sus mandatarios, por razones que todo el mundo conoce pero jamás se acuerda de los padecimientos de la gran mayoría de la población que casi siempre tiene que dejar de comer unos días para pagar el recibo mensual de la dañada energía.
El que quiere infringir una regla lo hace fácilmente porque tiene la seguridad de que no lo van a castigar. Y en la práctica está probado que no hay nada más eficiente para estas infracciones que aparezca la Policía, reprenda al conductor e imponga el respectivo comparendo. Así de sencillo.
En materia económica sencillamente el país está quebrado. No hay fondos para nada y la situación fiscal es catastrófica con reservas y mucho temor de las entidades internacionales que prestan el dinero.
Estamos acabando con Colombia a punta de odios, de incendios conceptuales. Somos unos incivilizados que no aprendemos de la historia y vamos hacia el caos. Protestemos lo que no nos gusta, lo que no aceptamos por alguna razón, pero con criminal criterio.