En 1983, en el norte de Barranquilla, abrió sus puertas Titos Bolos Club, una bolera que en su momento fue considerada una de las mejores del país. Ubicada en la carrera 51b con calle 94, contaba con 20 pistas de madera y un moderno sistema mecánico para la organización de los bolos, lo que la convirtió en un referente del entretenimiento en la ciudad.
El proyecto fue impulsado por la familia Nasser, liderada por Julio César Nasser, en medio de un contexto en el que Barranquilla comenzaba ampliar su oferta recreativa. Según versiones de la época, su construcción estuvo marcada por un episodio personal: tras una situación de rechazo social que involucró a su hijo, Jorge ´Tito´ Nasser, la familia decidió crear un espacio propio, dando origen a un lugar que con el tiempo se convertiría en ícono del entretenimiento local.

Con los años, el escenario pasó a ser conocido como la Bolera Moñona, manteniendo su actividad y consolidándose como punto de encuentro para varias generaciones, además de convertirse en un escenario clave para el desarrollo del Bolo en Barranquilla.
En medio de todo este contexto, el entorno del predio también empezó a transformarse. Desde finales de los años 90, la iglesia Vida Abundante, con Jorge y Margarita Freyle como sus líderes, comenzó a desarrollar sus actividades en espacios del mismo complejo donde funcionaba la bolera, consolidando su presencia en el sector manteniéndose activa hasta el día de hoy.
De igual manera, la Fundación Cristiana Latinoamericana de Colombia, quién está vinculada públicamente a dicha obra, se presenta como una organización sin ánimo de lucro dedicada al desarrollo integral de las familias, con énfasis en niñez y juventud en condición de vulnerabilidad desde esta misma infraestructura donde antes se ubicaba la bolera.
Historia pura de la bolera

“Para nosotros la bolera era nuestra casa, nuestra segunda casa. Practicábamos todo el tiempo, y no pagábamos absolutamente nada. Allá nos facilitaban las canchas y todo lo necesario para aprender este deporte”, recordó Carlos Arzuza, medallista y uno de los deportistas que se formó en este escenario.
Su experiencia da cuenta de lo que significó este espacio para quienes encontraron en el bolo una disciplina. Desde allí se formaron jugadores, se consolidaron equipos y se proyectaron talentos que llegaron a competir en distintas ciudades del país e incluso a nivel internacional
“Fuimos a varias ciudades de Colombia y también a torneos internacionales. Ese fue el lugar donde nació el amor por el bolo”, añadió.
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Pero la bolera no solo fue importante para los deportistas. También lo fue para quienes llegaron por primera vez sin conocer el juego y terminaron conectándose con la experiencia.
“Fue la primera vez que cogí una bola en mi vida. No sabía ni cómo se tiraba, pero fue una experiencia que me gustó muchísimo. Pasamos un rato agradable”, rememoró uno de los periodistas que participó en encuentros realizados en el lugar a inicios de los años 90.
Con el tiempo, el escenario también alcanzó relevancia a nivel competitivo. Barranquilla fue sede de eventos nacionales e internacionales que encontraron en este espacio un lugar adecuado para el desarrollo del bolo.
“Ahí se realizaron eventos importantes, como los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Tuvimos la oportunidad de ver a grandes jugadores de países como México y Puerto Rico”, explicó Horacio Gómez, comunicador social y periodista.
Según su relato, la bolera llegó a contar con 20 pistas, lo que la convirtió en uno de los escenarios más completos de la región. Además, fue sede de torneos como la Copa Carnaval de Barranquilla y de campeonatos nacionales que reunían a los mejores exponentes del país.
“Era una opción distinta a los deportes tradicionales. Aquí se desarrolló un deporte que también le dio logros al departamento”, agregó.
Detrás de este proceso también hubo nombres que marcaron el crecimiento del bolo en la ciudad, como Marvel Martínez, Luis Carlos Tena, Álvaro del Gordo y Rolando Molina, quienes aportaron a la formación de nuevas generaciones.
La historia del inmueble también tuvo momentos complejos. En 1996, cuando ya operaba como la Bolera Moñona, entró en un proceso de extinción de dominio adelantado por la Fiscalía, en medio de investigaciones por enriquecimiento ilícito que involucraron a Jorge ‘Tito’ Nasser.
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A pesar de estos cambios, el lugar continuó siendo durante años un punto de encuentro para la ciudad. Su cierre marcó el final de una etapa que muchos aún recuerdan con nostalgia.
Para muchos, el valor de la bolera iba más allá de sus pistas. Era un lugar donde coincidían generaciones, donde se compartían experiencias y donde se construyeron recuerdos que hoy resurgen con su salida al mercado.
Detalles de la subasta
El inmueble donde durante años funcionó una de las boleras más tradicionales de Barranquilla entrará en subasta electrónica abierta al público los próximos 27 y 28 de abril, en un proceso liderado por la empresa Activos por Colombia.
Ubicado en la carrera 51B # 94–110, en el sector Altos del Limón, el activo sale al mercado con un precio base de $15.902.420.033, en medio de una operación que busca atraer inversionistas interesados en desarrollar proyectos en una de las zonas con mayor dinámica urbana de la ciudad.
Con respecto a esto, esta casa periodística pudo conocer en un expediente histórico de la Sociedad de Activos Especiales que este valor de venta fue determinado a partir del resultado de un avalúo Comercial Urbano del 16 de enero de 2017, por lo que su trazabilidad de valor, precio base y proceso de comercialización puede involucrar un contexto diferente.
Inclusive, la información recopilada evidencia que el inmueble fue tasado en un valor cercano a los $27 mil millones durante un último avalúo catastral en el año 2022.
Además, cuenta con 5.032,22 metros cuadrados construidos y un área de lote de 4.533,75 metros cuadrados, características que, junto con su ubicación estratégica, lo proyectan como un espacio con potencial para usos comerciales, residenciales, de entretenimiento u oficinas.
Así las cosas, el proceso de subasta liderado por Activos por Colombia se realizará de manera virtual a través de la plataforma ActiBID, disponible en el portal web de Activos por Colombia. Los interesados deberán registrarse previamente entre el 4 y el 12 de abril para poder participar.
Lo anterior hace parte de una estrategia de Activos por Colombia orientada a poner en valor activos que han estado bajo administración estatal, promoviendo su incorporación a la dinámica económica y comercial de las ciudades y su transformación en proyectos que sean productivos.

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