Pese al fin del régimen de terror del depuesto dictador, Bashar Al Asad, el país sigue sumido en una profunda desestabilización que demanda apoyo internacional.
Asma al Asad permanece en Moscú apartada en una habitación para evitar infecciones y que su salud empeore. Ya en 2019 había superado un cáncer de mama.
En el nuevo Ejército se incluye a los miembros del antigua régimen que “disidieron” durante la ofensiva para unirse a la “revolución”.
La directora de ACNUR para Oriente Medio y el Magreb, Rema Jamous Imseis, indicó que un 80 % de los centros comunitarios de su agencia en Siria han podido ser reabiertos tras unos días de interrupción por la caída del régimen de Bachar el Asad.
En el centro reclusorio aún intentan liberar a prisioneros en celdas subterráneas, sin embargo, por lo intrincado del lugar ha sido difícil dar con ellos.