La institución informó que cerca de 200 menores fueron víctimas de la red, que quedó desmantelada.
El lugar donde estaba la menor era vigilado con 9 cámaras de seguridad y allí construyen más habitaciones para ampliar el local.
Las implicadas eran administradoras de un establecimiento nocturno.
Según la Fiscalía desde en los últimos 4 años ingresaron al sistema casi 9.500 procesos por estos delitos.
Ser capaces de escuchar el grito sin voz de estos pequeños violados una y otra vez por sujetos huecos, sin alma, que pagan por un placer tan sórdido como criminal, es un imperativo moral, nuestra obligación como país. Urge vencer el derrotismo que nos paraliza al saber que estas perversidades no desaparecerán por mucho que así lo deseemos. Esa no es la cuestión. Siempre existirán seres despiadados dispuestos a mostrarnos el rostro más abominable de la condición humana. La clave radica en movilizarnos como una sociedad unida, fuerte, capaz, para prevenir que más niñas, niños y adolescentes sean arrastrados por las mafias y para proteger a aquellos, que instrumentalizados, incluso por sus mismos familiares, viven a diario un infierno espantoso.